El aporte de Maradona al feminismo

A mí nunca me va a salir fiscalizar el amor. Necesito decirlo y repetirlo para que no se me olvide: soy un ser insignificante que intenta el amor. No puedo hablar de Maradona, no puedo sentir hacia él. Pero observo a quienes sí pueden, y escribo.

La muerte del Diego me envolvió de manera imparable. No, no era mi ídolo. No, ahora tampoco lo es. Sin embargo, recuerdo en estos días lo que me dijeron mis docentes en la facultad de periodismo: “hay que estar en el lugar correcto a la hora adecuada”. A esa altura la frase era incomprensible y hasta me atrevía a refutarlo. A esta hora siento que el azar, muchas veces, no es tan azaroso. Y por fin lo entiendo: hay que trabajar constantemente el ojo, hay que practicar el buen uso de la lectura del amor.

Por otro lado, soy feminista. Y ser feminista nunca es cómodo. Yo no me olvido de los videos de Maradona golpeando a Rocío Oliva ni de la foto con dos menores semidesnudas. No me reconcilio con la violencia machista. No necesito reconciliarme con Maradona. No es mi responsabilidad ni mi obligación. Coincido plenamente con lo que escribió Tamara Tenenbaum: “No se trata de justificar todo lo que hizo Maradona con ella (Claudia Villafañe) o con otras mujeres: que de eso se encargue quien piense que ese es un ejercicio intelectual productivo, quien piense que hace falta, que Maradona necesita mi permiso o mi perdón. O mejor, que se encarguen esas mujeres de contar sus propias historias, las que lo sufrieron y tienen por supuesto el derecho de hacer valer sus voces”

En la fecha más importante, se desdibuja el tiempo

Trabajo en televisión, en un canal deportivo. Siempre supimos que estos días serían turbulentos y cansadores. Fui la que hizo el primer obituario, la que puso la primera foto en gris. Pero nunca había previsto el tren emocional que fue el 25 de noviembre del 2020. 

Después de coordinar lo que haríamos en las próximas horas le pregunté a Tomás, un compañero que sé fanático, si estaba bien. “No sé, boluda. Estoy en shock”, me contestó. Estresada y a los apurones encontré unos segundos para esa pregunta y empecé a dimensionar. 

A la tarde, un ser querido, el Chino,  lloró con lágrimas. Abrimos un vino, brindamos “a la memoria de Diego”, escuchamos los aplausos a las 10 de la noche y chiflamos por la ventana. Siguió llorando. No era mi ídolo, hoy tampoco lo es. Sin embargo, no tengo un ladrillo en el pecho. Elijo ser cronista de mi propia vida: la tristeza se percibe en el aire. “No te sientas mal por sentir. Vergüenza es ser un pecho frío”, le dije tratando de dejar para después las contradicciones que me traía el suceso. Era el 25/11 a las 10 de la noche, pero la sensación era que el tiempo estaba suspendido hasta nuevo aviso.

El día después

En twitter, en los grupos de whatsapp, en todos los espacios que construimos para el diálogo, las feministas estábamos confundidas. Nos enfrentábamos, estabamos de acuerdo y en desacuerdo con todas. Yo necesitaba mantenerme distante, entender lo que pasaba. 

Me devoré los textos que se compartieron. Las notas que los diarios tenían guardadas para publicar rápido me dejaron sabor a poco, pero las anécdotas me dieron el hilo de dónde tirar: lo que me moviliza es lo que siente la gente. Y me encontré a todxs aferrándose a las palabras, a escribir en el idioma que nos queda para intentar contar lo imposible: Maradona era una persona/poesía y sus amantes se expresaron así. No es posible abarcarlo en el lenguaje cotidiano, hace falta la metáfora, la imagen sensitiva, la comparación: el barrilete cósmico, el Dios más humano, el antihéroe. 

Empiezo a intentar comprender

Un hombre fue entrevistado mientras prendía una vela en su despedida: “¿Sabés la felicidad que nos dio a los pobres? A veces ni para comer teníamos y al chabón lo veías por la tele y te hacía feliz”, dijo. Estoy en el lugar correcto a la hora indicada. Leo al amor en su contradicción y entiendo. Ni más ni menos que darle felicidad a los y las que siempre la tienen negada. Ni más ni menos que representar alguna especie de justicia social, una venganza de clase. El derecho a la alegría.

Sin embargo, no veo por qué esto anularía lo otro: mi cuestionamiento hacia ídolos como él y la facilidad con la que se perdonan las violencias machistas. Me banco la contradicción porque creo que no hay nada más feminista que reconocerme en un contexto. Nací y me crié en Argentina. ¿Por qué voy a actuar una postura abstraída y esencialista del feminismo? ¿Por qué no voy a practicar la empatía que tanto pido? ¿Quién soy para decirle a mis compañeras lo que tienen que sentir? No acepto el pacto machista, mis convicciones no se ven amenazadas por mis propias preguntas. Solidifico mi postura a partir de inseguridades. 

Escucho, observo. Me emociono, los abrazo. Aprendo de la dimensión del humano sintiente, me niego a justificar violencia y lo llevo a la escala de comprender a un país.

Recibí la noticia pensando en que no tengo nada para decir sobre esto y ahora estoy intentando ordenar todo lo que se me dio por apuntar. Nos siento como pájaros trayendo cada hebra de subjetividad para acostarnos en el nido de Maradona que armamos. Esa narrativa colectiva en eterna construcción, tiene este, mi aporte. Cuando murió Maradona, yo ya era feminista.

Como dijo Carolina Rosales Zeiger:  “La narrativa maradoniana, relatada históricamente por varones, sabe de aguantes e incondicionalidades, pero poco ha sabido de políticas de cuidados. Que creyéramos que el Diego era inmortal es un poco eso: la trampa de la magia. Negar para no cuidar. Claro, para eso teníamos a Claudia. A las nenas. Te lo pido por las nenas”. 

  No se puede pensar esta muerte como cualquiera que hayamos atravesado. Soy una de las cronistas que intenta contar el año más difícil de la historia reciente y además de aprender a leer, me propongo aprender a sentir: no se puede narrar desde el odio y el absolutismo. No se trata solamente de Maradona. Lo que estoy diciendo es lo único que creo que esta revista puede decir. Hay que estar en el lugar correcto y a la hora indicada.

El debate sobre Maradona se dio a los apurones y en el medio de la turbulencia, pero el feminismo siempre es un poco así. Ahora, con más calma podríamos decidirnos a escuchar. Dejo algunas notas que me sirvieron para intentar entender el fenómeno, lo que siente el país y hasta lo que siento yo. Tienen opiniones diversas y coincido con algunas. Desde acá no esperen esencialismos. Como mujer, como periodista y como feminista me parece inutil no dudar.

Maradona nos puede ayudar: masculinidades no violentas – Coral Herrera Gómez

Maradona y los feminismos – Mariana Carbajal

Oda a Claudia – Tamara Tenenbaum

La cobertura que que publicó Carolina Rosales Zeiger en su Instagram.

La publicación de Mujeres que no fueron tapa en su Instagram

¿Por qué queremos tanto al Diego si somos feministas? – Nadia Fink, Lisbeth Montaña y Camila Parodi.

Foto: Gettyimages.es