Música de putos

Cuando iba a la escuela, entre rockerxs en los que me incluyo, escuchar Bailarina de Miranda era “para joder”. En perspectiva, pienso en que también estábamos liberando algo reprimido: nos moríamos por bailar.
Es que la Música de putos, como dice Juan Pablo Malvasio en una canción de Electrochongo, es ese antro en donde ir a sacarse los prejuicios que hasta el más heavy carga. Pero en la época en la que me tocó conocerla, allá por el año 2000 en pleno Burzaco, era considerada música para “consumo irónico”. Había que ser realmente valiente para declarar que te gustaba la sensación que ciertos ritmos te generaban. Hacerlo era una invitación al bullying.

No hay nada más sectario que un grupo de pertenencia musical en un momento donde te estás formando para ser parte del mundo exterior, donde los valores morales aprendidos se ponen en tela de juicio y se pesan los aprendizajes. En los prejuicios ante algunos géneros, la homofobia siempre se leyó entre líneas: “Ser trolo está mal y su música es una mierda, pero en pedo la bailamos todes” ¿Eso también es consumo irónico? Permítanme dudar.

Hay música para ser un buen conformista,

comer, coger o hacerse el artista.

y hay Música de putos

para gente linda, música de gente tan sensual.

Ya me cansaron todos tus prejuicios

sos un fachista enmascarado

veo tanta gente en pose y pienso que nadie puede disfrutar

tu destino es el supermercado

tu mediocridad te agrega años

tu seriedad es ridiculez

En una sociedad que educa para cumplir roles determinados, en donde todo debe ser nombrado y etiquetado: ¿qué hacemos con les que escapan a estas categorías?. Lo que hicimos hasta ahora es reprimirlos. Les obligamos a elegir un casillero y nombrarse. Les decimos que las cosas son como son, que quiénes somos para cambiarlas. Les imponemos que ser como son está mal porque genera confusión y no se puede rotular.

Luego del batacazo que dio Miranda! en mi vida, fue imposible mantenerme indiferente. Tuvimos que elegir entre seguir creyendo que cierto género musical nos definía nuestra orientación sexual o entender que hay música para todos los oídos. 

Miranda! no fue la primera y única banda en romper los cánones musicales. La naturaleza del arte es ser disruptivo y podemos rastrear este fenómeno en todas las épocas. Miranda es sólo un ejemplo y por suerte contamos con una larga lista de música nacional como Dani Umpi, Leo García o Adicta sólo por nombrar a las más conocidas. Para ilustrar y difundir la palabra, me tomé la molestia de armar una playlist con algunos ejemplos de música de putos para gente linda.

Aún quedan vestigios de esta costumbre de escuchar y disculparse casi automáticamente. Reviso los comentarios del video de Música de putos y me encuentro con los siguientes testimonios de usuarixs:

Lxs usuarixs arrancan sus comentarios con frases como “no soy gay pero…” o “soy metalero pero…”. Tienen la necesidad de hacer una aclaración que lave el pecado y ponga un manto de piedad. ¿Qué se hace con la conciencia de saberse una persona recta que en secreto gusta de coquetear con un otrx del mismo sexo? Los sesgos hetero cis patriarcales se lavan y la guerra tribal entre géneros también. ¿Es necesario gustar de alguien de mi mismo sexo para escuchar a Miranda sin culpa? Y en todo caso, ¿por qué gustar de alguien de mi mismo sexo debería ser una razón para sentir vergüenza?

Aceptemos la invitación de Electrochongo y agitemos sacados la música de putos en el subte, en el súper y en un restaurante. En una de esas, hay otra cintura de rockero esperando bailar.

Ilustración: APXEL