¿querés ser mi amiga?

Hay una pregunta que me gusta hacerles a mis compañeras de militancia: ¿Qué fue lo que más te costó incorporar desde que sos feminista? y casi siempre la respuesta es la misma: cambiar mi mirada hacia las otras mujeres. 

El machismo se inculca y se aprende, entra como un virus silencioso (ahora que andamos familiarizados con el concepto) y nos invade a hombres y mujeres. A partir de la pubertad, todo el aparato patriarcal y sexualizador de nuestros cuerpos entra en acción y entre otras aspiraciones dañinas nos pone en los hombros la carga de competir por la atención masculina. 

Solo por contar dos situaciones que pasaron muy cerca de mí: la primera es que en uno de mis primeros trabajos, fui un tiempo largo la única mujer del equipo y cuando incorporaron a otra mujer, el chiste que se hacía era que yo me iba a poner celosa.

La segunda me la contó alguien cercano como algo gracioso: cuando sumaron una secretaria en su oficina (también plagada de hombres, qué sorpresa), le decían a la que tenía más antigüedad que los cafés de la nueva eran más ricos así sentía que estaba perdiendo algún tipo de territorialidad. Sí, claro. Todo era un chiste. Pero no pasa entre hombres.

El feminismo nos obliga a ver lo que está enfrente de nosotras y aunque suene a cliché lo voy a decir todas las veces que sea necesario: la competencia entre mujeres es el triunfo del patriarcado. Nosotras no podemos perpetuar la mirada evaluadora y amenazante que nos formaron hacia nuestras compañeras de género. 

Mi objetivo no es que seamos amigas de todas las mujeres que se nos cruzan, porque somos distintas y porque también podemos ser gente para tener lejos. Como dice Hannah Gadsby en Nanette: “Los hombres no tienen el monopolio de la maldad”

Pero sí quisiera que al ver a otra mujer que nos parezca interesante, que nos divierta o que admiremos de alguna manera, eso no afecte a nuestro autoestima o veamos en ella una amenaza. Una mujer brillante nunca desplaza, enriquece. Y reconocer que este cambio de paradigma nos cuesta es también acompañarnos en el proceso de arrancar una cultura plantada y regada por generaciones y generaciones de machismo. 

En el día del amigx quisiera valorar especialmente a las amigas, darles el primer premio de lealtad a las mujeres que aún con un sistema estructural pinchando en contra de la unión siguen tejiendo redes vinculares, camaradería en cualquier lugar.

Quiero desearles un feliz día a todas las amigas que me hice en mis trabajos, feliz día a las amigas que me hice en los baños de bares, en los boliches bailando, en facultades, universidades, en recitales. Feliz día a las que a veces me escriben para contarme que lloraron con un texto que escribí, a las que me piden ayuda para conseguir Misoprostol, a las que me ayudan a conseguirlo y a las que me sacaron fotos mientras lloraba en una marcha.

¡Feliz día, amigas! Si nos tenemos, estamos ganando.