¿Se merece Brasil el gobierno que tiene?

Justo cuando empezaba a escribir esta nota, en Twitter posteaban la tapa del diario del domingo (10/05/20) de O Globo de Brasil. Bajo el título “10 mil histórias” el periódico pone los nombres de los más de diez mil muertos registrados hasta el sábado pasado por el coronavirus en aquel país. Asegura que es “el suceso más letal de los últimos 102 años en Brasil”. 

Todos hemos escuchando alguna que otra vez esa frase tan popular que dicta que “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. Pero a veces me pregunto hasta que punto es así. ¿Se merece Brasil el gobierno que tiene? 

Para responder, o por lo menos intentar contestar estas inquietudes, viene bien buscar en Netflix el documental llamado Al filo de la democracia (Democracia en vertigem, 2019), dirigido por la joven cineasta Petra Costa. Documental que, sea dicho de paso, fue nominado a los Oscar y dividió, como no podía ser de otra manera, las aguas brasileñas.

A grandes rasgos y de manera simple, podríamos decir que la película retrata de una manera intimista y con registros en primera persona, el golpe de Estado que, en 2016, desplazó del poder al Partido de los Trabajadores (PT), y que se dio mediante la combinación de un impeachment del Congreso y un proceso judicial contra la corrupción. Se destituyó de esta manera a la presidenta Dilma Rousseff y se impidió que el expresidente Luiz Ignacio “Lula” da Silva fuera candidato otra vez.

La directora Petra Costa no oculta en ningún momento ser simpatizante del PT como su madre, quién se enamoró de un militante de izquierda en los años sententa, en plena dictadura. Esto los llevó a vivir una década en la clandestinidad y, posteriormente, a pasar varios años en prisión. 

Su abuelo materno, en cambio, fue uno de los fundadores de Andrade Gutiérrez, constructora que comenzó a crecer bajo el régimen militar hasta convertirse en una empresa casi tan poderosa como la tristemente célebre Odebercht. 

Dicho sea de paso, actualmente es una de las más grandes de Brasil y estuvo involucrada en la operación “Lava Jato”.

Por eso creo que para la directora fue tan significativa la imagen aérea en donde se ve la avenida frente al Congreso dividida en dos: por un lado, los vestidos de rojo que marchaban a favor de Dilma; por otro, los que querían el impeachment. Era su historia familiar reflejada en esas tomas de dron.

El documental por momentos pone de manifiesto escenas que, leídas con el diario del lunes, resultan tan incuestionables como cuando un niño descubre un truco de magia. Hablo de una secuencia en particular en la que en pleno acto de asunción a la presidencia de Dilma Roussef, su vicepresidente, Michel Temer, aliado estrategico proveniente del partido PMDB, parece no encontrar lugar en la foto que se saca la pareja de Lula y Rousseff.  En camara lenta, Petra Costa descubre este presagio visual de lo que iba a ocurrir con el golpe.

Si bien es verdad que el relato político domina el discurso de la película, también hay un sentir más personal de la directora. En su camino hay espacio para la colección de anécdotas familiares que, de una forma u otra, encajan con los sucesos políticos que han moldeado el presente de la política brasileña.

La edición adquiere un protagonismo vital y las imágenes caseras se entrelazan muy bien con el material de archivo de noticieros y con fragmentos del presente. Así es como, dentro de esta estructura, se logra una narración sólida que alcanza niveles dramáticos realmente impresionantes.

Por otro lado, algo que no dejó de sorprenderme es la manera en que Costa logra acceder a la intimidad de estos protagonistas. Hay una secuencia en donde Dilma Rousseff charla en un estacionamiento con su madre -la de la directora-, quienes estuvieron presas en la misma cárcel, pero no lograron conocerse. Allí, Dilma le confiesa que ella no quería ser presidenta, que no estaba segura de aceptar, pero que cuando a Lula se le mete algo en la cabeza, no hay forma de pararlo. Lo mismo sucede con las apariciones de Bolsonaro. La cámara lo acompaña a su antigua y pequeña oficina de diputado, y allí el actual presidente de Brasil muestra las fotografías de su pared señalando con orgullo quienes mataban a los izquierditas de los setenta.

Muchas de las críticas que recibió la película sostienen que Costa no es imparcial, mientras que otros elogian su trabajo justamente por haber incorporado su propio punto de vista. Pero si hay algo que aprendí estos últimos años es que un buen documental provoca una experiencia. La idea de que los documentales tienen que ser imparciales, didácticos, informativos, ya caducó hace mucho tiempo. Nos guste o no, el documental es el género que más ha evolucionado y el que permite más innovaciones y valora más la creatividad.

Las opiniones acerca de la película van siempre como suele suceder en nuestros países hacia los extremos. Pareciera que en esta famosa “grieta” política no hay lugar para términos medios. Esto es lo peor que le puede pasar para generar un debate profundo. La grieta nos deja siempre en la superficie y allí no hay intercambio que valga. A quienes les ha gustado el documental se los tilda de izquierdistas radicales y a quienes no, de fanáticos pro-Bolsonaro que defienden un golpe de Estado.

El 3 de febrero de este año, la cuenta oficial de Twitter de la Secretaría de Comunicación de Jair Bolsonaro publicó un video sobre la entrevista de Costa con un canal estadounidense en el que la calificó de “militante anti-Brasil”: “En Estados Unidos, la cineasta Petra Costa asumió el papel de militante anti-Brasil y está difamando la imagen de nuestro país en el exterior. Pero estamos aquí para mostrar la realidad. No creas en la ficción, cree en los hechos.”

Incluso cuando le preguntaron al propio Bolsonaro si lo había visto dijo que: “¿Para qué voy a perder mi tiempo en esa porquería?” y llegó a tildar de “basura” a su directora.
Al Filo de la Democracia es un relato de terror, la historia de una crisis que deja una nación dividida en dos. Es encontrarnos con la cara más oscura de la democracia para darnos cuenta de que somos nosotros los que hemos creado al monstruo…