EntrevistaWalter Lezcano: “Para mí, el periodismo es una manera de traficar información”

“Cuando un escritor se pregunta para qué sirve su literatura,

la pregunta cae en el centro de su propio ser.

Y ahí hay que tener valor para contestar”

Abelardo Castillo.

 

Hablar con Walter Lezcano desde lejos es sentirse cerca de alguien. No tenemos mucha práctica: en el primer intento nos vemos pero no nos escuchamos entonces nos mudamos a pantallas más chiquitas y abandonamos el protocolo para priorizar la palabra. El único contacto posible es cada uno desde su casa. La calidez es que el entrevistado me gane de mano y me pregunte cómo estoy llevando el encierro.

Con más de 20 libros publicados, el escritor apuesta al aire del aislamiento colectivo: “Si salgo vivo de esta cuarentena, me dedico a escribir hasta que me muera”

Es poeta, ensayista, novelista, editor y trabaja como periodista freelance para distintos medios. Habla como escribe, se desespera ante la careta de las redes sociales y juega todo el tiempo a armar y desarmarse un peinado desobediente como su prosa. Esta es una charla sin barbijo sobre punk, literatura, escritura y más. Ruido de mate.

En tu último libro, Un regalo del diablo, hablás de la irreverencia del punk y lo determinante que fue para Dos minutos haber surgido del conurbano. Si se pensara en una especie de binarismo, ¿se puede ser punk y de clase alta?

Creo que se puede ser punk en todas las circunstancias de la vida y en cualquiera de los territorios que uno transite, desde el más careta hasta el más honesto. El tema es ver qué tipo de concesiones concretas hacés en tu vida cotidiana en cuanto al trato con los demás. En ese sentido, creo que, así como pasa con el feminismo, se va resignificando el aspecto semiótico de la palabra. 

Ser punk es un poco no estar atado a los lugares comunes de movilidad y de tránsito de la existencia. Pero si uno lo ve con un grupo de términos un poco más amplios, dice “bueno, lo que estoy queriendo hacer es no responder al poder” En el caso de vivir en un lugar pobre o en un lugar rico, siempre el poder es aquella sociedad que te va marcando el camino que vos tenés que seguir. En 2020, cualquier persona que decida empezar a actuar y bajar a tierra, es decir a su vida cotidiana, lineamientos que implican romper la línea patriarcal o romper esos lugares comunes de la vida, ya está entrando en un estilo de vida punk. 

Si pensamos en que el cheto es una persona con ciertos privilegios monetarios, ser punk sería cuestionar sus privilegios y entender que son privilegios que se sostienen con la precariedad absoluta de otros seres. Dentro de ese grupo, tuve la suerte de conocer gente que intenta romper eso. De todas formas quiero dejar en claro que odio a los ricos. 

En el diálogo con Mariana Enriquez que aparece en el libro se plantea que no había mucha posibilidad de salto de clase en ese momento. ¿por qué eso te llamó la atención?

Los condicionamientos históricos pudieron generar en esos años al conurbano como territorio creador. Un montón de realidades fueron los condimentos necesarios para que se cocine un guiso muy espeso en el cual se pudo ver que un montón de expresiones eran igual de válidas que las que surgían en las zonas de poder.

Creo que no había un libro que ponga al conurbano como una zona de discusión, de tensión, de empezar a pensar qué pasa ahí y si el lugar en donde nacés condiciona o no. Porque también uno dice bueno, se tomaban el 37 y ya estaban en capital. Pero a veces esas distancias que parecen mínimas son las más difíciles de transitar. Por supuesto que son simbólicas. Y vos fijate la complejidad del tema: si lo pensás en términos actuales, donde todo es autosuficiencia y alcanza solamente con pedir un deseo, las condiciones a veces no te acompañan y es muy difícil generar concreción de deseo. Además hacer algún aporte artístico y a la vez dialogar con tu época y con un montón de situaciones que estaban ahí también dando vueltas. 

Pensando en tu trabajo como escritor para medios, ¿cómo se hace para que un tema que tal vez no te convoca tanto resulte en un buen texto?

Cuando uno termina un texto y quiere que le guste a alguien, uno sabe que también son ilusiones. No sabés si le van a gustar a alguien. Como uno es el primer filtro, trata de poner cosas que a uno le gustaría leer y trata de que el texto genere algún tipo de charla, debate, discusión, alguna cosa mínima. Yo creo que el periodismo es una manera de traficar información y ver cómo puedo desestabilizar algún tipo de poder que esté imperando.

Me lo tomo muy en serio porque no sé si alguna vez voy a volver a escribir una nota, sinceramente. Veo cada oportunidad como un momento en el que puedo ilusionarme con que estoy dando el nombre de un autor, que alguien lo va a leer y eso le va a despertar algún tipo de furia, que alguna vida va a cambiar.

¿Es posible saber si un texto funciona por la respuesta de la gente?

Por mi recorrido de vida, trato de no dar nada por sentado. Es como en la película de Adam Sander y Drew Barrymore (Como si fuera la primera vez) en la que el chabón todos los días tiene que ver si se la puede levantar o no. Cada vez que publico un texto o tengo la suerte de que alguien me publique un librito estoy con las ganas de gustarle a la otra persona. Trato de meter trucos nuevos, de ver de qué manera puedo generar en la otra persona algún artefacto artístico, comunicacional, ensayístico que vaya construyendo una nueva erótica entre esa persona que estoy teniendo la suerte de que me lea y lo que yo puedo escribir. A la vez estoy muy metido en lo que me gusta. A mí me gustan dos o tres cosas: coger, leer y la música. Consumo mucho de eso. Soy muy de enamorarme de gente que escribe bien y eso a mí me acompleja. Entonces todo el tiempo estoy viendo cómo dibujar esa precariedad mía. A lo que voy es a que no puedo quedarme tranquilo en una zona en donde creo que ya sé algo y ya sé cómo manejarlo. Es un trabajo muy difícil y complejo que a mí me gusta. 

Alguna vez hablaste de Bukowsky como una gran referencia para tu escritura ¿Quiénes más te inspiran?

Como viví mucho tiempo en pensiones de capital, después en lugares del conurbano y el  tiempo en Solano, uno nombra a estos autores pero porque también son los libros con los que te topás o que podés robar. Con el tiempo me fui dando cuenta, sobre todo en estos últimos 15 años, la cantidad de poetisas que me fueron influyendo mucho y narradoras también. Narradoras contemporáneas como Mariana Enríquez y Gaby Cabezón Cámara. Creo que traté de robarles algo a casi todas las escritoras que pude descubrir. Desde Mirta Rosemberg hasta Anne Carson, Anne Sexton. Bueno, también de Marina Mariasch, Selva Almada. Después como también escucho mucha música, pasé muchísimo tiempo estudiando a Bob Dylan, a Leonard Cohen y a Lou Reed.

Yo tengo 40 años y pensaba: si salgo vivo de esta cuarentena, me dedico a escribir hasta que me muera. Para gente que viene de donde vengo yo es muy difícil pensar en una vida dedicada al arte. Es lo más lejos a lo que un ser humano puede llegar. Todavía estaban esas preguntas en mí. ¿Qué carajo pasa con esto que hago? Igual vivo de esto pero siempre adentro mío está la pregunta de si debería ponerme un kiosco. Algo más estable, no sé.

El Mosca dice que su voz fue “un regalo del diablo” ¿Qué te regaló el diablo a vos?

Hubo varios momentos en mi vida. El primero fue cuando me encontré con unos libros medio importantes de Dostoyevski, Borges, uno que le robé a mi tío de Alfonsina Storni. Son libros muy grandes y muy complejos que tal vez no terminé de entender pero ahí me di cuenta de que había un camino para mí: la lectura como forma de vida.

Y eso es muy importante para un pobre. Porque todo es inestable entonces de golpe vos sabés que encontraste algo que va a ser para siempre. Yo no conozco a mi viejo entonces siempre también es un problema psicológico el tema de poder o no poder, el tema de saber qué te rige. Entonces frente a todas las inestabilidades que yo tenía en mi vida, de golpe había algo mío. Era algo que yo iba a poder hacer.  

Y después el otro regalo fue haber tenido la valentía, (la valentía entendida como algo muy pequeño) de haber decidido escribir. Yo no sé si mi vieja me quiere o no, pero nunca me dijo “Walter, vos podés hacer lo que quieras con tu vida”. Y con todo en contra, uno toma una decisión como esa. Es muy misterioso.

Hay una discusión sobre la calidad de la literatura que circula en redes sociales ¿qué opinás?

Que ni a palos es el cáncer de la literatura. No debería ser cuestionado en un sentido comparativo. Porque pienso ¿con qué se compararía? ¿Con qué elemento discursivo, lingüístico, semiótico o incluso del campo cultural puede entrar en detrimento? O sea, ¿es bajo en relación con qué?

Creo que cada época va generando voces y a la vez sus anticuerpos, que quieren combatir esas otras voces. La verdad es que siempre trato de mantenerme por fuera de eso. Es decir, hacer lo que se me cante el orto sin tener que rendirle cuentas a nadie. Trabajo muchísimo esto que es no ponerse la gorra nunca. 

Por otro lado, hay varios mitos argentinos en cuanto a la producción de textos que siempre trato de derribar. Uno es el mito del tiempo: que cuanto más tardes en escribir algo o en publicarlo va a ser mejor. El gran enemigo de ese mito es Aira que saca 5 libros por año.

El otro mito es que si alguien llama mucho la atención es porque es malo. Porque le dicen que trabaja para la gente que no lee o porque hace autobombo. Se arma toda una especie de maquinaria discursiva alrededor de eso que llama la atención para ver cómo lo pueden golpear de algún modo. Hay que afilar mucho la cabeza para ver quiénes hablan de esos temas, en qué términos hablan y qué los impulsa.

En redes sociales expresaste que casi todas las revelaciones sociales que hoy son noticia, ya se sabían hace mucho. ¿Hay algo que sí te sorprenda de esta situación?

Las redes sociales son un micromundo que se hace más chico por lo que uno sigue o deja de seguir. Entonces como que la realidad también está muy feteada dentro de lo que uno va seleccionando. Dentro de esa lectura que hago, lo que me asombra es que ante la posibilidad real y concreta del fin del mundo, todavía sigamos teniendo esa capacidad de sostener las  apariencias. Es decir, tratar de mantener y resistir hasta el último momento todas esas máscaras que nos fuimos poniendo. Por otro lado, creo que no entendimos qué es lo importante para cada uno en estas circunstancias. No haber descubierto qué es lo importante para cada uno en este momento también es medio extraño, ¿no? Me parece un momento extraordinario para estar vivo y ver todo eso.

 

 

Publicaciones de Walter Lezcano:

Jada Fire (Difusión Alterna, 2011), Los Mantenidos (Funesiana, 2011), Tirando los perros (Gigante, 2012), 23 patadas en la cabeza (Difusión Alterna, 2013, Eloisa Cartonera, 2015), Humo (Vox, 2013), Calle (Milena Caserola, 2013, Milena Pergamino, 2018), El condensador de flujo (La carretilla roja, 2015), Los Wachos (Editorial Conejos, 2015), Fractura expuesta (Interzona, 2015), La vida real (Viajero Insomne, 2015), Suena el afilador de cuchillos (Nulú Bonsai, 2016), 2 Poemas (Ediciones Arroyo, 2016), Working class hero (El ojo del mármol, 2016), Rejas (La carretilla roja, 2016, Indie Libros, 2019), Violencia doméstica (Santos locos, 2016), La ruta del sol. La trilogía de Él mató a un policía motorizado (Gourmet musical, 2017), Nací en una generación. Periodismo, monotributo y cultura (Milen caserola, 2017), Punk rock (Zindo & gafuri, 2017), La velocidad de la sangre (Caleta Olivia, 2017), Los actos públicos (Letras del sur, 2017), Luces calientes (Tusquets, 2018), Días distintos. La fabulosa trilogía de fin de siglo de Andrés Calamaro (Gourmet musical ediciones, 2018), Políticas de Estado (Eloisa Cartonera, 2018), Un millón de latitas (IndieLibros, 2019), Fuga de capitales (Santos locos, 2019) y Un regalo del diablo. 2 Minutos, Valentín Alsina y la reinvención del punk argentino (Vademécum, 2020)

 

Ilustración: LitoBaro

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