librosNavegar en la enredadera

Para escribir sobre Enredadera rusa (Caleta Olivia) tuve que esperar a que la energía se acomode a los movimientos del mar. “Un barco se hunde / una boya roja y negra avisa”, dice Josefina Bianchi en el poema Uno. Y ese desencuentro en el orden preestablecido de los números y las cosas me reconforta. Porque me acoge en la revelación de que nadie puede decirme adónde poner un principio.

La máxima del esencialismo que hay en cada uno de los poemas es como una declaración de madurez y confianza combinados con la incertidumbre: ¿Esencialismo sobre qué? “Para que dos personas estén juntas / es necesario que una / al menos una / hable” pero también “Este mundo es el mismo / desde hace rato” Y si queremos: “Pensar en estrellas es lo mismo / que pensar en sexo”

Navegar en Enredadera rusa es leer un título, encontrarle una referencia, ir a la presentación del final y terminar en un índice en ruso totalmente inútil porque el norte de la lectura no puede, no debe, no quiere ser una lista.

Hay melancolías que no se dejan atrapar por la autocompasión. Y la poesía de Josefina Bianchi se pone al servicio de las sensaciones de la realidad que fue, es o podría haber sido. La solemnidad, enemiga de mirada poética, se deja de lado para darle paso al enredado uso de la opacidad. Hace mucho que las enredaderas no se dejan peinar por la naturaleza, es cierto. Pero también hay libertad en la búsqueda de la orientación propia cuando este poemario nos encuentra solos.

 

 

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