EspecificidadesPara la niña que me robé

Cuando terminé de leer por tercera vez Free Play te comenté lo que sentía. Hay cadencia, cadencia en un chat de WhatsApp, me respondiste.  Entonces anoté en mi cuaderno: quiero escribirle una carta a la niña que me robé. Hoy, varios meses después, leo esa oración y confío en que puedo, todavía, llegarme a tiempo. Quiero aprender a nombrar como si fuera siempre la primera vez. Quiero ver un avión en el cielo y no saber cómo se llama eso que veo, quiero no saber para qué sirve, para qué sirven las estrellas, para qué sirven las flores de los árboles, para qué sirven las sillas, las mesas, los calefactores. Quiero no saber de qué está hecho el mundo, no saber para qué está hecho el mundo, volver a ese lugar en el que vivía antes de aprender a nombrar. Quiero dejar de comprender por qué las heladeras escupen frío o por qué la arena pica en los pies y tener que correr extasiada hacia una fuerza mayor y suprema que me lo explique. Quiero tener un dios en el cual creer como creía en mi madre. Quiero sorprenderme otra vez frente al espejo, asustarme como cuando mi gata corre de su propio reflejo. Quiero que la siesta deje de parecerme una suspensión a mi rutina agotadora y vuelva a ser lo que era, lo que nunca debió dejar de ser: una imposición aburridísima. Quiero creer que puedo hacer de las sábanas de mi cama una cueva en el bosque e iluminarme la cara con una linterna hecha de bichitos de luz. Quiero jugar por jugar, por estar en el juego, sin objetivos, sin ganancias, sin pérdidas ni prestigios. Quiero jugar por esa niña que tantas veces me privé de ser cuando aparecía la vergüenza.

El arte es esa llave que me devuelve a lo lúdico. Mientras dura el aquí y ahora del proceso creativo todo es fluidez y solo al principio o al final existe el análisis, la balanza, la crítica, la cosa de grandes. O al menos, eso intento. No quiero que el nombrar se vuelva un obstáculo: quiero aprender a usar el lenguaje como artificio para una sensibilidad plena. Quiero que mi cuerpo y mis palabras sean permeables al mundo. Quiero construirme en presente, entender la multiplicidad de sentido que podemos tener si nos entregamos al juego. Al igual que cuando íbamos a los cumpleañitos y el tiempo se nos escapaba de las manos como se me escapaban de las manos las mojarritas en los balnearios de Villa Giardino. Los niños siempre están siendo, por eso crecen tan rápido, por eso se escapan tan fácil. Juegan y si se aburren cambian y si se divierten siguen y no hay un antes ni un después, no hay impaciencia ni melancolía. Los niños siempre están siendo, por eso son tan buenos en el arte de improvisar.

Cuando era chica me decían que en la vida hay que elegir, que uno elige y que por elegir algo hay otras cosas se pierden. Quiero navegar en la corriente exacerbada del elegir sin pensar, del elegir por elegir, del elegir así sin más. Jugar con todo lo que tenga en frente mío, a veces más, a veces menos. Enorgullecerme de los híbridos que puedo gestar si vuelvo a la inocencia, si me descubro antieconómica. Quiero dejar de mirarme con vergüenza cuando mi niña se escapa de ese lugar en donde la escondí hace ya unos años, dejar de mirar con crueldad cuando a otros adultos se les escapan los niños que escondieron en algún lugar también hace ya unos años. Quiero invitarnos a sacar a nuestros niños de ahí, permitirnos llevarlos con nosotros a todos lados. Quiero recuperar el cuerpo que tenía: ingenuo, curioso, impulsivo.

Voy a vomitar lo que el sistema tragó de mí y a devolverlo deglutido para que se materialice otra vez. Voy a volverme heterogénea de nuevo. Voy a darme permiso. ¿Por qué me enseñaron a multiplicar y a dividir, pero no a vaciarme por completo para permitirme crear? ¿Por qué me enseñaron a usar bien los acentos en vez de enseñarme la potencialidad de mis palabras y su impacto en el otro? ¿Por qué aprendí teoría sobre mi cuerpo en vez de aprender primero a habitarlo? ¿Por qué se encargaron de fragmentar mis intereses, pero no de ayudarme a hacer que convivan? ¿Por qué me da tanto miedo parecer estúpida o, mejor dicho, serlo? ¿Por qué no podemos auto concebirnos más allá de lo que hubo antes, de lo que existirá después, de lo que hay al lado nuestro que no somos nosotros, pero que siempre parece mejor?

Quiero aceptarme estúpida, ridícula, sin vergüenza, políticamente incorrecta, una completa desubicada. Quiero ver qué hay más allá de los límites de mi piel. Por eso actúo, por eso escribo. Para conocer ese terreno virgen, para hacerlo mi hogar, para volverlo cotidiano, pero siempre mirarlo como si fuera la primera vez. Por eso actúo, por eso escribo. Porque en un país aterrorizado por el monstruo del neoliberalismo, desgarrado por lo bestial de la precarización laboral, anestesiado por la romantización de la calle que hace que su gente muera de frío, privado de infancias y ancianidades dignas bajo el cinismo de que no podían vivir eternamente de la forma en la que habían vivido, descuidado por una gestión ambiental avasallante que no deja nada para el después; porque en un país cuyo hobbie es arrancar derechos, yo tengo el privilegio de crear. Tengo el privilegio de crear, así que decido recuperar todos esos bosques con bichitos de luz que podría haber creado bajo sábanas en cada una de las siestas que dormí. Voy a escribirle una carta a la niña que me robé y empieza así:

Hola de nuevo.

2 comments

  • Santi

    31 de octubre, 2019 a-las 3:09 pm

    Uf, fuerte y hermoso. En cada párrafo una nueva cachetada, y sobre el final una hola de realidad que te da vuelta, pero sobre todo, que te hace pensar que tiene sentido ser en este mar de angustias, y buscar y dar lugar a ese bicho de luz en un bosque contaminado.
    Ya vengo, voy a escribirme.

  • Diego armando lobatto

    1 de noviembre, 2019 a-las 1:54 am

    Cómo digo avión sin decir pájaro, metal, ala, Superman, atentado…Yo también quiero ver un avión por primera y que me asuste el ruido de la turbina en vez de pensar en una bomba. Quiero que los pájaros vuelvan a tener remaches y que los cuadrúpedos vuelen, a pesar de que un avión tiene tres patas, porque yo me confundía el tres con el cuatro.

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