EntrevistaDanza Inclusiva: Todxs podemos bailar

Desde principios de la década de los ochenta, el cine, la televisión, los teatros y los museos han aumentado de manera constante la accesibilidad para las personas con discapacidad visual. Sin embargo la danza no era una opción factible.

María Eugenia Lucero tiene 28 años y es licenciada en Dirección de Arte. Hace algunos años al momento de realizar su tésis decidió destinarla a la investigación de publicidad para ciegos al mismo tiempo que comenzaba a dar clases en un gimnasio, lo cual la llevó a imaginarse ¿Cómo sería una clase de danza para alguien que no puede ver entendiendo que las clases de danzas se basan en la imitación de los movimientos?

Fue así como decidió desarrollar un proyecto con objetivos y estructuras para presentarlo en la Biblioteca Argentina Para Ciegos. Una Asociación Civil sin fines de lucro que desde el año 1924 brinda actividades y servicios de todo tipo. Estas están dirigidas – en su mayoría- a personas con discapacidad visual. «Yo ya me había contactado con ellos por el tema de mi tésis y luego me volví a comunicar para presentarles este proyecto», comenta María Eugenia quien desde hace tres años se encuentra brindando clases de ritmos latinos a un grupo estable de alumnos de diversos sexos y edades.

El método Danza Inclusiva nació de la necesidad de desarrollar un sistema de trabajo corporal que permitiera a personas de toda condición expresar y crear a través del movimiento y la danza. El método proporciona las herramientas necesarias para que cada uno – sin necesidad de tener ningún conocimiento técnico previo – pueda descubrir su propia danza, desarrollar la creatividad y explorar un camino de autoconocimiento.

«Yo estuve investigando sobre danza y ciegos. Lo cierto es que alrededor del mundo se vincula a la danza y la discapacidad con actividades como danza terapia. También hay programas médicos y métodos que trabajan con discapacidad y tienen que ver con danza contemporánea para trabajar el cuerpo con orientación terapéutica. En cambio yo propongo un proyecto de inclusión de personas con discapacidad visual a través del baile con dos factores: clases de danza inclusiva para que una persona que no ve pueda tomar clases adaptando la metodología de la enseñanza y en segundo lugar, los preparo para las actividades sociales, ya sea ir a una fiesta o a un boliche entre otras cosas. En mis clases ellos se llevan herramientas para poder adaptarse mejor en las reuniones sociales», explica Eugenia y agrega «Mis alumnos me comentan que a veces iban a una fiesta y no sabían cómo moverse cuando había música, entonces renegaban o se aburrían».

En el taller de ritmos latinos, Eugenia, enseña los pasos básicos que suelen utilizarse en reuniones sociales o fiestas. Salsa, Bachata, Reggaetón, Cumbia y Cuarteto son algunos de los bailes que practican semanalmente en la Biblioteca. «Quiero que conozcan las diferencias de las diversas danzas en el cuerpo, una persona que ve sabe diferenciar el ballet del flamenco, en cambio un ciego no. Por eso mismo, yo enseño con la idea de que sepan reconocer cada tipo de baile. A veces surgen cuestiones en la clase, me preguntan cómo se baila la electrónica o alguna otra música que hayan escuchado y lo aprendemos entre todos».

Danza inclusiva está atravesada por dos corrientes : inclusión social y cultural.

Muchos se preguntarán ¿Cómo entienden a los profesores? ¿Cómo conocen la posición de los demás compañeros? ¿Cómo evalúan sus propios movimientos? Las clases de Eugenia consisten en añadir descripciones verbales: «Me baso en la descripción de los movimientos, tengo una estructura de pasos en base a los ritmos que realizamos. Si no alcanza con la verbalización les pido que me toquen los hombros para entender mejor. Algunos pasos son de contratiempo y contrapeso, es por eso que en algunos casos los tratamos con tacto poniéndonos en fila para poder seguirnos entre nosotros. El 90% de la clase es verbal, también jugamos con lo lúdico inventando pasos y trabajamos mucho en pareja»

Al no tener el reflejo para imitar, generalmente se teme al rídiculo o a bailar de una manera «incorrecta». Aunque nadie en el ámbito social puede juzgar si están haciéndolo bien o mal, en algunas ocasiones sienten la incomodidad de no saber cómo se están moviendo. De igual manera, esto también se aplica a las personas que ven y no tienen las herramientas ni la seguridad para poder estar en una fiesta sin sentirse aislados por no saber bailar. Por supuesto que los distintos tipos de personalidades también entran en juego. Hay quienes se inhiben, mayoritariamente en la adolescencia.

Las clases de Daza Inclusiva son de elongación y baile. La clase tiene una duración de 60 minutos en donde se trabajan las energías de forma integral para lograr armonía en todo el cuerpo. «Por el momento solo trabajo con discapacidad visual, pero esto no es elitista ni selectivo. Cualquier persona será bienvenida e incluida a las clases, adaptando las metodologías que sean necesarias para que todos puedan participar. Como sueño a futuro, me encantaría ampliar el taller y capacitar a profesores de todo el país para que puedan y sepan ser inclusivos en sus clases. Queremos que todas las personas ciegas del país tengan la oportunidad de aprender a bailar» Eugenia, además, se fue formando con diversos cursos como Discapacidades y Derechos Humanos, Acompañante terapéutico o Asistente de Discapacidad entre otros para tener un panorama más amplio a la hora de enseñar. Otro de sus sueños es tener la escuela de Danza Inclusiva con gente capacitada y cursos diferenciados por niveles y edades.

El grupo de Danza Inclusiva de la Bilbioteca Argentina para Ciegos brinda clases de Ritmos Latinos a 10 alumnos, cuyas edades varían entre los 17 y 76 años. Cada alumno tiene su historia y su por qué. Hay quienes quieren aprender a bailar y quienes van a aprender cosas nuevas. El foco principal del taller es la diversión.

 

Algunos testimonios de alumnos:

Diego 58 años

Lo que me motivó a empezar con el taller fue mi interés por el baile, me considero una persona muy festiva y en mi familia siempre se bailó folklore. Lamentablemente, desde niño tanto mi madre como mi hermana intentaron enseñarme pero no pudieron. Las ganas de saber bailar siempre me quedaron. Cuando me invitaban a una fiesta yo me quedaba sentado haciendo nada, iba por compromiso y la pasaba realmente mal. Me aburría. Hace unos años me entero por la cartelera de la Biblioteca de las clases de Danza Inclusiva. Decidí mandarle un mail a la profesora explicándole que yo soy ciego desde los 2 años y que si iba a las clases iba a tener que enseñarme de cero o de menos de cero. Ella me dijo que vaya. Eugenia le encontró la vuelta para que nosotros entendamos, pude aprender no sé si bien o mal (risas) pero tampoco me preocupa demasiado. Yo recomiendo el taller porque nosotros los ciegos sabemos de música pero de danza nada ¿Y por qué no? Yo creo que es porque no habían encontrado la manera de enseñarnos. A veces en las reuniones sociales el ciego está comiendo o tomando algo y no hace nada más que eso, en mi caso no va conmigo yo soy muy inquieto y quiero bailar.

 

Nerina 38 años

Hace unos años empecé haciendo danza árabe de manera particular, después me incorporé a un grupo de baile y siempre me quedaron ganas de aprender otros ritmos pero no encontraba a la persona adecuada que me enseñe. Se presentó la oportunidad en la cartelera de la Biblioteca y no lo dudé un segundo. El aprender a bailar me aportó muchas herramientas, como tener ciertos pasos para defenderme en una fiesta. A veces pasa que las personas con discapacidad visual no se levantan porque no saben bien qué hacer. Entonces me sumó muchísimo en ese aspecto, en conseguir igualad con el resto de la gente. Actualmente bailar es mi motor, mi cable a tierra. Siento alegría y felicidad de poder hacerlo.

 

 

Florencia 25 años

 

Decidí acercarme a Danza Inclusiva sin entender la magnitud que hoy tiene o sin entender el proyecto en sí. Yo estudiaba y trabajaba y como nunca fui del deporte quería hacer algo para salir de la rutina. Me copó la idea de tomar clases de danza, yo voy a boliches y fiestas y sentí que Ritmos Latinos me iba a sumar mucho para los lugares donde suelo ir. Ahora puedo decir que bailo cada día más suelta sabiendo pasos básicos de cada ritmo. Me ponen lo que sea y lo puedo hacer. A nivel personal, descubrí que me encanta bailar y que lo quiero hacer por mucho tiempo. Recomiendo el taller por todo lo que implica. Yo además tengo la oportunidad de tomar clases de danza con chicos que ven y poder estar ahí es justamente lo que promueve Danza Inclusiva.

María Eugenia Lucero está segura de que fue más lo que aprendió ella dando clases que lo que les enseñó a sus alumnos «Y mirá que les enseñé», dice entre risas y continúa: «Aprendí a ser tolerante, empática, a tener paciencia. Aprendí que lo perfecto no existe en el sentido de que la danza y los movimientos se construyen y que no hay un estilo ni un paso perfecto. También aprendí a tener objetivos y logré ver que una clase de danza es un espacio de energía y amor increíble. Nos chocamos, nos caemos, aprendemos cosas nuevas y entrenamos»

Lamentablemente, nuestra sociedad está regida por un modelo médico en dónde se asocia a la discapacidad con la rehabilitación. Lo cierto es que debe ser vista en foco de la autonomía, personas que necesitan ciertos apoyos o que algunas cosas se adapten para construir ese modelo. Los medios generalmente imponen que cuando un discapacitado hace algo muy bien tiene un don especial o está decidido a «salir adelante». Danza Inclusiva propone entender que una persona bailando es eso: una persona bailando, sin importar nada más.

 

Fotos: Santiago Bravo Luna

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