EspecificidadesDisney es nostalgia, es diversión

Hace semanas que no paramos de cantar “Nants ingonyama bagithi Baba”. Y cuando ya pasaron varios días de que fuimos a ver la nueva versión live-action de El rey león, un nuevo cartel publicitario reflota en nuestro inconsciente la canción que cantamos desde chicos sin saber qué dice –traducido al Nyanja como “Aquí están los cachorros de león” (o sea, ¡¿qué?!). Porque, una vez más, Disney dio en la tecla con su magia, pero ahora y por un tiempo, en forma de nostalgia.

El éxito más reciente es ese: la película dirigida por Jon Favreau se convirtió en el largometraje animado más taquillero de la historia, con una recaudación que supera el millón y medio de dólares. Las críticas tildaron de tibia a la versión en CGI (imágenes generadas por computadora por sus siglas en inglés) del clásico de 1994, pero está claro que quienes mandan acá son los espectadores. Y el motivo es obvio, todos los adultos queremos recordar la levedad de la niñez aunque sea por 118 minutos. Bah… ni tanta levedad después de ver morir a Mufasa.

La nueva tendencia de Disney es llenarnos la panza de remakes. En el último año, también nos dieron Dumbo y Aladdin; y secuelas como Toy Story 4 y Los increíbles 2. Y también nos dieron regresos como el de Christopher Robin y Mary Poppins. Y también se vienen La dama y el vagabundo, Mulán y La sirenita. Y también, y también, y también. Muchos dirán que no se les están cayendo muchas ideas, pero con la incorporación de los productos de Fox y Marvel, estas películas solo representan una pequeña parte de la firma.

¿Por qué la pegan tanto? Porque los adultos de hoy nos criamos con esas historias, las hicimos propias hasta el punto de imaginar a nuestros propios papás siendo arrasados por una manada de ñus. Hasta el punto de no querer separarnos nunca de nuestras mamás elefantas. Hasta el punto de empezar la universidad en simultáneo con Andy y llegar del cine a desempolvar todos nuestros muñecos con lágrimas en los ojos.

Sin embargo, es cierto que no todas estas remakes nos gustaron y algunas nos dejaron sabor a poco. El error más claro se dio con Alicia en el país de las maravillas y su secuela hace unos años. Creyeron que apuntar a un público adulto con una historia infantil implicaba hacer una película sombría, con un resultado aburrido que no coincide con las aventuras lisérgicas de 1951.

Y de El rey león no gustó la falta de expresividad de los personajes. Pero, si bien es la misma historia de los 90 casi con las mismas escenas, esta versión es distinta. Es real. Es nuestra precepción de la realidad que dejó de ser adaptada y pintada con colores vibrantes para llamar nuestra atención. Obvio que las canciones ayudan a que no nos parezca un documental de Animal Planet.

La verdad es que a Disney todo esto le parece rentable y es una excelente oportunidad para demostrar que tienen un dominio casi insuperable de las nuevas tecnologías. Saben que con estas historias no pueden fallar, y aprovechan para despreocuparse y trabajar en conseguir que cada plano sea lo más detallado posible. Porque en El rey león, solo una toma de las 1490 es una imagen real: el amanecer africano en “The circle of life”. El resto, CGI.

La nostalgia es esa sensación de tristeza generada por el deseo de querer volver al pasado. Pero para Disney hoy es magia y todos salimos ganando: ellos consiguen superarse en las taquillas, los cines del mundo llenan sus salas y nosotros adoramos sentirnos niños por un rato mientras cantamos “(…) a vivir así, yo aquí aprendí. Hakuna Matata”.

Ilustración: Pablo Laguzzi

Leave a Reply

Your email address will not be published.