EntrevistaFeminismo en lugares: ciencia

La opresión a las mujeres es un fenómeno transversal no solamente a todas las épocas sino también a todas las disciplinas. La revolución de las mujeres consiste en transformar y patear el tablero de todos esos lugares en donde necesitamos disputar el propio espacio históricamente negado. Hoy vamos a hablar de ciencia. Sí, la ciencia también puede y debe tener perspectiva feminista porque tanto la integración de las mujeres en ese campo como la producción de conocimiento están sesgadas por una mirada sexista sobre la mujer.

Es por eso que decidimos consultar a Agostina Mileo,  Licenciada en Ciencias Ambientales; Máster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental y Doctoranda en Historia y Epistemología de la Ciencia. La barbie científica es el personaje que creó para difundir información de ese área en redes sociales a través de Noti Ciencia, una serie de videos que ahora también es parte del Instagram de videos de El Canciller.

 El año pasado, publicó «Que la ciencia te acompañe a luchar por tus derechos», el primer libro sobre activismo científico y feminista. Además, es la coordinadora general de #Menstruacción, una campaña de Economía Femini(s)ta que propone que el Estado quite el IVA a los productos de gestión menstrual y los provea de forma gratuita para quienes no puedan comprarlos.

En diálogo con Revista Roer, Mileo habló sobre la participación de las mujeres en la ciencia, instinto maternal, menstruación y más.

¿Por qué decidiste combinar tu vocación por las ciencias y el nombre de una muñeca que es fuertemente criticada por el feminismo por sus características estereotipadas de la feminidad?

Elegí el nombre en 2012. Yo no tenía pensado que mi trabajo fuera a tener tanto que ver con el feminismo; seguramente si me preguntabas te iba a decir que sí, que era feminista, pero como objetivo no lo pensé así. Más que nada es una cuestión de sobreponerme a ciertos prejuicios y a mostrar también que soy lo que soy muchas veces a pesar mío. Digamos que es una manera de poner sobre la mesa ciertas cosas dentro de la identidad y diversidad del feminismo. Yo me llamo así y de alguna manera me río de eso porque muchas veces ser una persona más coqueta o preocupada por la imagen me ha inhabilitado ser considerada una locutora válida para algunas personas. Dentro de las ciencias, es bastante común que se entienda que a mayor despreocupación por la imagen, mayor compromiso con el estudio. Ese es el estereotipo de la ciencia. La feminista perfecta no existe porque seguimos viviendo en este mundo y seguimos teniendo un montón de pautas culturales. Es un aspecto de mí pero es un personaje, entonces las cosas están exacerbadas.

En otras entrevistas hablaste sobre el feminismo en la ciencia como una relectura de todos los conocimientos obtenidos ¿Hay presión por silenciar esa perspectiva? ¿Cuáles son los mecanismos que se usan para hacerlo?

Creo que los mecanismos propios de la esencia de la construcción de prestigio científico terminan siendo expulsivos a esas críticas. Cada disciplina se valida a sí misma. Digamos que está bien en un montón de sentidos, pero las críticas feministas muchas veces vienen de la mano de otras disciplinas, como por ejemplo la epistemología, la historia de la ciencia sobre cuestiones de biología evolutiva, o lo que fuere. Entonces como ya el hecho de que para dar como bueno un paper de una disciplina no hace falta recibir crítica de otras, esto genera cierta cuestión de no permeabilidad.

Los mayores dispositivos de disciplinamiento son los de las estructuras institucionales y de la ciencia como instrumento político. En Argentina, en una ciencia en crisis, de repente los reclamos de géneros se vuelven accesorios, porque todo el mundo se está muriendo de hambre, hay problemas con las becas, los sueldos no alcanzan para llegar a fin de mes, etc.

Las feministas también hacemos ciencia entonces algunas cosas están empezando a cambiar. Hay un montón de cuestiones en lo que hace a la validación del conocimiento y tienen que ver con cómo está diseñada esa producción, que es una estructura jerárquica muy verticalista. Quienes están en posiciones de poder son personas que no han trabajado con estas perspectivas. Pero sí está pasando que hay organismos de investigación que, en ciertos campos, están pidiendo el análisis sexo-género y saber cómo van a ser abordadas estas variables. En este momento hay tensiones entre teorías porque hay cosas que son un poco indefinibles como por ejemplo cuánto hay de naturaleza y cuánto es de socialización.

En tu ensayo «Instonto maternal. ¿Desde cuándo parir es un destino?» exponés algunos estudios que analizaron si efectivamente existe el instinto maternal ¿Hay alguno en donde se cuestione si existe el instinto paternal?

El «instinto paternal» es casi un sintagma que no suena, no es parte del imaginario popular que los varones sufran una serie de cambios físicos o que tengan algún dispositivo biológico que los empuje a la paternidad. Sí a procrear: el relato es que los varones quieren que su material genético atraviese las generaciones y que por eso ellos siempre se quieren aparear. Pero eso no es el instinto paternal, porque después ¿qué pasa con estos chicos?

En el ensayo yo menciono que las pruebas sobre la oxitocina, que es como el sustrato biológico que indicaría la presencia de este instinto maternal, se hace también en machos de ratones y varones. También aparece un aumento en la oxitocina, solo que es más progresivo o tarda más que en las mujeres. Esto nos daría cierta evidencia de que hay una tendencia a la crianza social.  Pero en realidad, la crítica sobre el tema de naturaleza y biología, viene de la mano de que aunque no tengamos las condiciones de aislamiento necesario para afirmar ciertas cosas, igual se afirman. A veces no del lado de lo científico, sino del de los medios.  Salen estas noticias como: “El instinto maternal ha sido probado, existe porque se vio que las mujeres hacen esto en todas las sociedad, etc” Bueno, pero tendrías que tener un grupo control para afirmar esa cuestión y no lo tenés. Entonces en realidad a lo que vas es a la crítica acerca de las conclusiones a las que salta ese estudio.

¿La menstruación es política?

Sí, claro. La vergüenza alrededor de la menstruación es un mecanismo de disciplinamiento que nos empuja a consumir productos que no se hacen en beneficio de las mujeres, sino para que empresas generen ganancias. Por ejemplo, los tampones y las toallitas cuya funcionalidad viene a partir de lo que son para esconder el sangrado y la evidencia de la menstruación.

Es política porque afecta a nuestros ingresos, porque implica un gasto para nosotras que de por sí tenemos ingresos que son menores y porque hay quienes no pueden comprar estos productos. También es política porque es invisibilizada por las estadísticas oficiales y no tenemos información suficiente para tomar decisiones ni públicas ni privadas al respecto. Hay muchas cosas que no sabemos, riesgos que no están medidos; los químicos que tienen las toallitas y los tampones; en qué podría derivar esa exposición; qué gasto implica para la salud pública; no sabemos que hay personas que usan paños viejos, barro o cualquier otra cosa que tienen a mano. Entonces la visibilización de la menstruación no tiene que ver con la igualdad de género porque justamente no todos los géneros menstrúan, sino que tiene que ver con el acceso a derechos de una población tradicionalmente vulnerada.

Nos sorprendimos mucho cuando dijiste barro ¿te encontraste con vulnerabilidades que no imaginabas trabajando en #Menstruacción?

En las comunidades originarias es muy común lo del barro. No me encontré con vulnerabilidades que no imaginaba en este sentido porque siempre trabajé en barrios, pero lo que en realidad me sorprendió fue que nunca haberlo pensado. Porque hay gente que no tiene qué comer, que si hace frío no tiene con qué abrigarse. Todo eso es obvio y a la vez aparente, pero sobre la menstruación circula un silencio que si no lo decís en voz alta o no lo lees, no te lo ponés a pensar.

Cuando me cayó la ficha y empecé a trabajar en esto, lo que me sorprendió fue encontrarme con una vulnerabilidad estructural del acceso a la información.  A mí ante una copa menstrual me han hecho las mismas preguntas chicas de la villa y chicas de doctorado: la ignorancia al respecto es patrimonio de todas las clases sociales. El tema es justamente en qué deriva una ignorancia y en qué deriva otra: una deriva en comprar productos  sin saber, y otra deriva en quedarse afuera del sistema.

 

Texto e Ilustración: Gilda Izurieta

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