cine y teatroReinventarse para sobrevivir

Las pestañas largas, los labios fucsia y los brillos de los bailarines del cabaret de Ágatha te reciben cuando entrás en la sala del Centro Cultural San Martín. Todo es chispeante como las burbujas del champagne en La dama de las rosas, la nueva obra de Pepe Cibrián.

Lo que parece que será una fiesta, se vuelve tenue cuando el autor, director y protagonista entra a escena en la piel de Josephine: “Ser hombre, ser mujer. Tal vez, puede ser”, comienza a relatar en su monólogo. Con un público en silencio, que no hace ruido ni para respirar, entendemos que la historia a continuación tratará de la búsqueda y lucha por la identidad de su personaje.

Ahora sí: ella sale y regresa transformada. Durante los primeros minutos del musical, los bailarines se sacuden y el personaje de Cibrián muestra cómo maneja su propio cabaret, ocultando su versión más recatada bajo plumas y pelucas. En algún momento de su historia –que se descubrirá más adelante–, decidió cambiar su pasado de encierro y tristeza dándole vida “Ágatha” para buscar satisfacción personal y alegría en los tiempos de la posguerra francesa.

“Ágatha es libertad y risa. La guerra implicó mucho horror y ella es consciente de la aparente frivolidad de la época, pero era más fácil no pensar. Por otro lado, Josephine es una mujer con un mandato brutal por parte de sus padres y me da una gran ternura su soledad. Se reinventa para poder sobrevivir”, opinó Pepe Cibrián sobre sus personajes en diálogo con Revista Roer.

Y ese mandato brutal del que nos habló se muestra con la imponente presencia de Tiki Lovera en el escenario. “La madre de Josephine es el detonante de esta historia y por el cual existe la problemática. Me pareció muy importante su rol”. Seguir su actuación es la clave para entender el mensaje de la obra: conecta los puntos de la trama que no están del todo claros.

“Quise hablar de la lucha por la identidad porque lo que sucede es que las clases altas (como en el caso de sus personajes) tienen el beneficio de la no crítica. Ellas pelean y lo logran gracias a su posición social”, comentó.  Mientras se tratan temas como la insatisfacción y los deseos reprimidos, la historia de amor con Clemence (María José Demare) fluye, entre humor y cantos.

“Las ideas surgen por necesidad, no tuve noción del momento en el que creé esta obra. En realidad quería hacer una versión de La dama de las camelias hasta que cambié esas flores por rosas”, agregó. “Es un canto a la identidad y al derecho de cambiar, pero la historia en realidad se modifica cuando ellas se descubren a sí mismas”. Cada personaje comienza siendo de una forma y termina de otra. Y cada uno se cree algo que no es, hasta que es.

La dama de las rosas se presenta por las noches de miércoles a domingos en el Centro Cultural San Martín hasta el 14 de julio cuando comenzará una gira nacional.

 

 

Fotos: cortesía de la obra

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