Imaginar en Queer

“Aquel que llamaba al otro Queer se situaba a sí mismo sentado confortablemente en un sofá imaginario de la esfera pública en tranquilo intercambio comunicativo con sus iguales heterosexuales mientras expulsaba al Queer más allá de los confines de lo humano” (Paul B. Preciado)

¿Y si aún seguimos en el sillón de la cómoda norma heterosexual y binaria? ¿Por qué googleaste qué es SER Queer?

El día del orgullo LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersex) este año es especial. Además de conmemorarse el 50° aniversario de la revuelta de Stonewall, hay un marco ideológico que acompaña la lucha y coopera a la profundización de los derechos. No, la idea de inclusión ya no es suficiente. El movimiento LGBTI ha luchado con sangre y sudor para que se reconozcan esas identidades como válidas y se las reivindique jurídica, social y políticamente. Pero…¿por qué nuestra sexualidad debería ser nuestra identidad?

Hace muchos años, como menciona Preciado en el fragmento que le da inicio a la nota, la palabra Queer fue utilizada de manera peyorativa para calificar a quienes de alguna u otra manera no podían ser encasillados. En especial aquellos quienes no estaban de acuerdo con obedecer mandatos binarios de género y heterosexualidad. La reapropiacion de la palabra como identidad política, hoy representa una intencionalidad de aceptar y luchar con la mirada de la norma por sobre esos cuerpos históricamente abyectos.

La teoría Queer postula que las orientaciones sexuales y el género son construcciones sociales. A raíz de esa premisa, todos los estereotipos de comportamiento y estética se ponen en tensión y construyen una nueva posibilidad de mundo.

El doctor en Historia del arte, docente, investigador y comunicador Pablo Farneda habló con Revista Roer para ahondar en la teoría Queer, sus alcances y su aplicación pragmática.

¿Es posible responder a la pregunta sobre qué es ser Queer?

En realidad no. La palabra Queer se suele tomar como identidad política y hasta se suma a la sigla LGBTI  porque viene a referirse a las personas que no viven el género como un casillero de comportamiento y sexualidad. Pero si pensáramos que lo queer es una identidad, estaríamos reduciendo toda su potencia política, lo estaríamos encasillando otra vez. Cuando surge lo queer en los años 80’ es para cuestionar la idea de identidad fija como si fuera la única de un sujeto (su identidad sexual) y también para cuestionar los privilegios de esas identidades muy fuertemente. Porque las identidades sociales y genéricas, a medida que empiezan a luchar por sus derechos, empiezan a conseguir esto, lo que hoy llamamos “inclusiones”. Pensar en la inclusión presupone que hay una cierta normalidad y que quienes pertenecen a esa normalidad son quienes tienen el poder de incluir a aquellos y aquellas que no.

¿De qué se trata la matriz epistémica colonial?

De esta manera yo describo a un sistema que organiza las identidades y los cuerpos siempre obligados a encajar en uno u otro polo, esos polos pensados siempre como binarios. Y lo que viene a hacer lo queer es estallar esa lógica: a peguntar y cuestionar por qué tendríamos que encajar en alguno de esos dos polos, por qué esos polos tienen que ser binarios, por qué nuestros cuerpos tendrían que ser leídos como varón o como mujer y nada más. Podríamos pensar que al interior del movimiento trans también se instalan nuevas normas, nuevas transnormas. Hay un contexto muy complicado donde por ejemplo, la sociedad le exige a muchas personas trans que entren exactamente en el género en el que se autoperciben y entren en todos los parámetros y los cánones de belleza y de identidad que tendrían que tener por el género que eligieron.

Ahora, cuando lo trans cae dentro del binarismo, estás de nuevo en una norma, en un binarismo normativo. Por suerte hay cada vez más personas que reivindican que pueden vivir como trans no encajando en las identidades trans o teniendo que cumplir los mandatos de masculinidad o feminidad que exige la sociedad. Y eso es también lo que desde los 80 llamamos queer. Es cuestionar todas esas lógicas, la lógica de tener que encajar. Incluso siendo diversos y diversas tenemos que también encajar en una cierta normalidad del matrimonio, la identidad binaria, el cuerpo modélico perfecto, el ideal de familia. Que además esos estereotipos exceden totalmente la homosexualidad, es decir, oprimen a toda la sociedad.

Pensando en la teoría Queer como una manera de cuestionar los binarismos ¿Se puede aplicar a otras áreas de pensamiento sociológico?

Lo queer no desmarca solo lo sexo/genérico. Lo que pone en cuestión lo queer son las cuestiones de clase, de raza, de estereotipos, las cuestiones de toda normatividad que se le imponen a los cuerpos y que igual los cuerpos nunca pueden acatar totalmente porque no hay un cuerpo que encaje totalmente. Pero una cosa es no encajar y hacer el esfuerzo por encajar y otra cosa es no encajar y reivindicarlo y decir “bueno, puedo darme el margen y elegir esta reivindicación para decidir quién soy” Eso es queer.

Muchas veces se habla del “Arte queer” ¿Qué tiene que tener una obra para ser queer?

No existe un arte queer. En el sentido de que si pensamos que tiene que ser una categoría que tiene que seguir ciertas reglas, otra vez hicimos desaparecer lo queer. Es un nuevo axioma. Eso rompería con lo propio que lo queer vino a proponer que es la reflexión y el cuestionamiento. En el plano del arte, es un modo de mirar ciertas prácticas artísticas y estéticas.

Lo queer me parece que es dar vuelta la mirada: subvertir la mirada.  Eso es lo que trabajo cuando observo las prácticas artísticas trans. Yo partí mi investigación desde una hipótesis de que eso era arte queer. Y cuando terminé me di cuenta de que no era así: lo que hace en tanto práctica queer es hacerme mirar lo binario y lo heteronormativo, no lo disidente. No son prácticas que me hablan del cuerpo trans, son prácticas que me hablan del cuerpo cis. Que a través de las prácticas de esas personas trans, que hacen arte, lo que se problematiza, es la idea de “cuerpo natural” que los cis tendrían. Y eso es el gesto queer. Esa es la mirada de la actitud queer: invertir las preguntas y hacer esas preguntas que no se hacen.

¿Creés la posibilidad de terminar con los estereotipos de género o la heterocisnorma mateniendo al capitalismo?

El capitalismo tiene modos de normalización de todo y los estereotipos son algo fundamental. Tampoco me imagino una panacea sin lucha como soñó el socialismo que íbamos a llegar desde la revolución a una sociedad sin estado, sin clase y al paraíso. Entre eso y el mito cristiano del paraíso no hay diferencia. Pero sí veo esto claramente en tensión con el capitalismo. Fredric Jameson tiene una frase que es tremenda y es “nos imaginamos mucho más fácilmente el fin del mundo que el fin del capitalismo”. No tenemos ficciones que narren el fin del capitalismo.  Bueno, tal vez es hora de comenzar a pensarlo o de rastrearlo en ciertas escrituras. Tal vez el desafío del arte y de la literatura es imaginar en qué otros mundos posibles podrían existir: otros modos de experimentar el placer, el cuerpo, las relaciones, los afectos y no lo estamos haciendo o no sabemos mirarlo. No sabemos dónde está pasando, quién está imaginando otro mundo posible hoy. Es un desafío y yo creo que en lo queer hay mucho de eso, hay mucha potencia para imaginar eso.

Ilustración: Pedro Ahumada