Pedofilia en internet: tecnológicamente, todo es posible

“Mientras nosotros nos callamos, los niños lloran en sus rincones. Mientras no nos amotinamos, muere la pureza en desencanto”, escribía por el 2014 la cantautora y poeta brasileña Marcela Taís, harta de una dura realidad que aún en la actualidad nos atormenta como sociedad.

Hay quienes prefieren mirar hacia otro lado y no ver nada relacionado a ciertos delitos, pero una vez más, la realidad y los medios masivos decidieron poner en foco una problemática social que en Argentina nos golpea cada vez más: el abuso infantil en internet.

Hace poco más de un mes una noticia que fue tomando forma gradualmente nos dejaba a todos con la boca abierta y el estómago revuelto. Un médico pediatra del Hospital Garrahan, uno de los hospitales más prestigiosos de nuestro país e incluso del mundo, fue detenido por evidencia que comprobaba distribución y producción ilegal de material pornográfico infantil. Pero Ricardo Alberto Russo no era un pediatra más, era el jefe del Servicio de Inmunología y Reumatología en un Hospital Público Infantil y llevaba consigo un pendrive y un teléfono lleno de contenido ejecutado por menores de edad. ¿Cómo es posible que un médico que debería cuidar y atender a los niños se aprovechaba de su poder para realizar acciones maliciosas? Tecnológicamente, todo es posible.

Si bien en Argentina los ataques a menores suelen darse en el círculo más íntimo, como por ejemplo la familia, es usual que en aquellos ámbitos dónde se tiene contacto permanente con niños existan personas con intenciones malévolas. Si bien es imposible determinar una patología en común, porque no las hay, se puede decir que en nuestro país el 90% de los pedófilos son de sexo masculino. Hombres con rasgos psicológicos que pasan desapercibidos y que no tienen absolutamente nada que ver con determinadas clases sociales, razas ni religiones.

¿El pedófilo, nace pedófilo? Para responder esta pregunta, puede resultar irónica la respuesta que dio el papa Francisco en 2010, cuando se refirió a los casos de violación y abuso infantil dentro de la iglesia en su libro Sobre el cielo y la Tierra, publicado por Editorial Sudamericana. El actual jefe de Estado y octavo soberano de la Ciudad del Vaticano dijo “El problema no está vinculado con el celibato. Si un cura es pedófilo, lo es antes de ser cura”.

Los datos en Argentina son escalofriantes y pasan casi desapercibidos por los grandes medios tradicionales. La razón es simple: ninguna persona quiere pensar en que estas cosas existen. Pero es así. Y en nuestro país el grooming o presunto grooming es cada vez más frecuente. La manera más sencilla de definir este término es: el engaño iniciado por un adulto con el fin de generar un vínculo cercano a un menor de edad para luego aprovecharse sexualmente de él o ella. En algunos casos, se puede buscar la introducción del menor al mundo de la prostitución infantil o la producción de material pornográfico.

En 2013, el Ministerio Público Fiscal de la Ciudad de Buenos Aires firmó un acuerdo con el Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados (NCMEC, por sus siglas en inglés) para recibir reportes de distribución de contenidos con pornografía infantil y posibles casos de grooming en Internet, procedentes de computadoras o dispositivos ubicados en el territorio. De esta manera, se pudo saber que Argentina está dentro del ranking de los 10 países más consumidores de pornografía infantil a nivel global con una suma aproximada de 50.000 denuncias al año y con la creación y/o distribución de al menos 185 videos por día.

Argentina es uno de los países del mundo que más tráfico de pornografía infantil genera. El año pasado, la cifra total del tráfico rondaba los 66.000 videos de los cuales el 40% provenían exclusivamente de la provincia de Buenos Aires mientras que un 30% se concentraba en Capital Federal. Aquel 30% restante se repartió entre las demás provincias.

Ahora nos hacemos la pregunta más difícil: ¿Por qué?  Y para responder, o al menos tratar de hacerlo, debemos desglosar el conglomerado del abuso infantil en internet.

Andrew Oteiza, un australiano de nacimiento, pero porteño por elección, se dedica desde hace varios años a la Gerencia de Ingeniería Informática para Latinoamérica con especialización en soluciones de nube para F5 Networks Argentina. Esta  empresa brinda servicios y soluciones de seguridad informática principalmente para grandes clientes con aplicaciones expuestas a internet. Como especialista en ciberseguridad, pudo adentrarnos un poco en la oscuridad de la red, aquella que nos ha permitido evolucionar en infinidad de aspectos y retroceder en muchos otros.

A la red oscura se la conoce como Dark Web y mal llamada muchas veces Deep Web. Lo cierto es que son conceptos que están relacionados. La Deep web dentro de internet es una red de datos llena de información que representa el 15% del total del contenido que hay en la web. “La internet que conocemos es como la punta de un iceberg, nosotros solo vemos una parte y aquello que no está visible es lo que comúnmente llamamos Deep web”, comenta.

Sin embargo, no necesariamente la totalidad de esa zona es ilegal, pero al no estar indexado se convierte en algo oculto para el usuario corriente. Ahora, dentro de aquello oculto hay un conjunto de información relacionado con actividad ilegal, lo que incluye venta de productos y servicios: armas, drogas, identidades falsas, sicarios, hackers, venta de órganos y todo aquello que pensamos que solo pasa en las películas. Este conjunto tiene una etapa de anonimato y a eso se lo conoce como Dark Web. “Sería un subconjunto dentro de la Deep Web que está fuertemente vinculado a la actividad ilegal y en ella conviven el total anonimato de quienes comercializan como de quienes demandan dicho contenido”, explica Oteiza.

Lo cierto es que no todos pueden ingresar a la Dark Web, porque para esto es necesario tener un determinado software. Entre los más comunes, podemos nombrar TOR o Invisible Internet Project con sus siglas I2P para poder acceder a la ilegalidad de internet sin ser localizados fácilmente. Estas herramientas se caracterizan por cambiar continuamente su ubicación y de esta manera desconocer el origen del contenido. Pero ¡Ojo! No confundamos lo que pertenece a la internet oscura con servidores de fácil acceso como Torrent o Emule, plataformas que utilizan la red para favorecer el intercambio de archivos entre personas que están en una red P2P (Peer To Peer). A este grupo es más fácil localizarlos.

Sorprendentemente, Andrew Osteiza cuenta que algunos servicios ilegales van desde los 120 dólares, es decir, que dentro de todo son accesibles para cualquier persona. Pero, así como existe el mal, también existe el bien. Y por bien nos referimos a que en la Dark Net hay gente especializada en controlar el cibercrimen. Algunos, mal considerados Hackers, se dedican a investigar fallas en los sistemas para favorecer investigaciones que no necesariamente tienen fines criminales. Muchos servicios de inteligencia generan Honeypots a lo largo y ancho de la internet oscura para captar delincuentes. Un Honeypot es una especie de señuelo disfrazado de servicio para recaudar datos sobre los usuarios que clickean en sus enlaces. Esta herramienta de seguridad informática detecta atacantes y si bien es muy complicado obtener la trazabilidad, están al cuidado y atentos al hecho de investigar.

Lo cierto es que hoy por hoy, son excesivos los ciber ataques a nuestros niños. El rango de edad más vulnerable en Argentina suele ser entre los 9 y los 16 años, y el sexo más expuesto es el femenino. Todos los niños, niñas y adolescentes pueden ser presa fácil de un depravado sexual. Un informe oficial australiano detectó en 2015 que el 50% de las imágenes que circulaban en sitios pedófilos habían sido robadas de posteos inocentes de las familias. “La falta de conocimiento y de conciencia en las personas que utilizan las redes para compartir fotos de familiares y niños es una problemática que aún hay que trabajar en Argentina” afirma Andrew Oteiza, quien, además, es padre de una adolescente y dos niños. “Es común que los adultos, cuando ven un posteo, compartan o comenten y esa publicación, al no estar bien configurada su privacidad pueda convertirse en accesible a más gente, y en el peor de los casos a gente con fines comerciales y maliciosos”. La falta de educación y conciencia de los datos personales en Argentina tiene mucho por delante.

Tener conciencia del contenido que se sube a las redes sociales es difícil en términos de exposición en relación con el círculo de influencia de las personas. A veces, el contacto está más dado por redes sociales que personalmente. Es una cuestión de retroalimentación que debe tratarse con la educación no solo en niños, sino que en mayores también.

Ante la sospecha de grooming debe realizarse la denuncia a la policía, fiscalía o a la ONG NCMEC. Lamentablemente, la pena por distribución, facilitación y tenencia de pornografía infantil en Argentina está oscilando entre 6 meses y 4 años en principio. Si hay producción, la condena puede llegar a los 8 años. La tenencia hasta el año pasado no era delito.

Como mencionó Oteiza, la circulación en internet y el uso de las redes sociales no puede ser ingenua. Aún los adultos no hemos tomado dimensión de los peligros de publicar nuestra vida en redes sociales y mucho menos lo han hecho los niños. La educación sobre tecnología tiene que convertirse en un tema de agenda mediática, política y legislativa para que la información sobre cómo protegerse llegue a todos los usuarios.