EntrevistaMensaje nuevo de: Hernán Casciari

Si no podés comprar sus libros, podés acceder a los textos a través de su blog y si no podés o no querés leer, podés escucharlo en Spotify, Youtube, en su columna en Perros de la calle (Metro 95.1) o en sus shows. Así es como Hernán Casciari llega a todos lados, así se materializa leyendo de manera acertada las condiciones favorables de un ahora de hiperpresencia global. Así es, entonces, como habla con Revista Roer: “Estoy complicado para juntarnos ahora pero si quieren la hacemos por Whats App”

El escritor escucha la pregunta, porque la doble tilde azul informa. Escucha y tarda. Nunca se sabe qué hace la otra persona después de recibir un audio pero nos gusta imaginar que la está pensando.  El mercedino tiene paciencia: se dedica, pausado, a su cadencia de respuesta.  Con la predisposición de siempre y los ojos bien abiertos en su foto de perfil, devuelve otro audio y comienza el intercambio.

¿Cómo te relacionás con tu mirada poética y las situaciones que te dan material para escribir? 

En general, siempre se me ocurren las cosas durante sobremesas, con gente. Ahí es donde más cuento, donde más pongo en palabras cosas que estoy pensando. Cuando noto un interés novedoso, me doy cuenta en seguida de que eso es carne de literatura: que eso puede ser llevado a papel o que lo puedo contar de otra manera. Casi siempre me pasa así. Hay como un resorte, una mirada en donde me doy cuenta en seguida de que eso puede funcionar. Me cuesta mucho pensarlo sin otras miradas. Siempre necesito el ojo ajeno, la mirada externa para darme cuenta si algo está funcionando. Por eso me gusta tanto, desde hace algunos años, hacer lecturas o funciones de algo que se parece un poco al teatro o al monólogo: porque ahí me doy cuenta muy rápidamente de qué cosa está pasando con el público y me pongo a improvisar sobre determinados párrafos ya escritos y se convierten en algo nuevo. Últimamente creo que estoy escribiendo en voz alta. Ya no pongo los dedos en el teclado sino que espero a una función, que la gente esté ahí en lo oscuro. Entonces desarrollo novedades en el párrafo ya escrito y lo convierto en una tercera cosa.

En tu Podcast hablás de los momentos bisagra de la vida y mencionás que pueden hacerse notar “en el sofá de un psicólogo o escribiendo un cuento” ¿Alguno de tus textos representa un momento bisagra?

Sí, claro. Hay un cuento que se llama Finlandia en donde narro un casi accidente en donde yo creo durante diez segundos que maté, haciendo marcha atrás con el auto, a mi sobrina de 3 años. Finalmente descubro que había chocado contra un tronco. Eso me pasó en 1995, cuando tenía veintipico de años. Durante diez años enteros tuve pesadillas. Una vez por semana me despertaba con una sensación de haber matado a mi sobrina. Y recién pude eliminar esas pesadillas cuando escribí el cuento. En el año 2005, una vez que conté eso que me carcomía o que me hacía sentir culpa, pude después de la escritura, estar más tranquilo.

En algún momento mencionaste que te gustaba hacer la “literatura hecha chisme” ¿creés que la gente consume tus textos, entre otras cosas, por no saber bien si se trata de tu propia historia o una ficción?

Puede haber algo de eso, que tiene que ver con lo autoreferencial, con que cuento cosas en primera persona casi todo el tiempo. Nunca cuento algo que pasó en el siglo XVII. Pero más que nada tiene que ver con la oralidad, con la forma coloquial de escribir. Últimamente tengo la sensación de que me leen menos de lo que me escuchan. Debe haber más personas escuchándome en un podcast, o en un audio de YouTube o en Spotify en este momento, que personas leyéndome en un libro. Seguro. Y sospecho que conforme vaya pasando el tiempo, esa diferencia va a ser todavía mayor. Hasta que en algún momento deje de vender libros. O dejarán de leerse mis libros: quizás seguirán siendo comprados como regalos de cumpleaños para terceros. Pero es muy probable que se me termine escuchando más de lo que me leen. Y tampoco me preocupa demasiado porque los formatos suelen no importarme mucho.

¿Qué estás leyendo actualmente? ¿Leés autores jóvenes? 

Sí, creo que es lo único que hago: leer gente inédita o gente que tiene muy pocas publicaciones. Lo que hacemos en la revista es buscar todo el tiempo autores nuevos que nos gusten. Quremos que de acá a 50 años, cuando esos autores sean muy famosos y reconocidos, todo el mundo diga que la primera vez que publicaron fue en la revista Orsai. Pero no estoy leyendo nada más que cosas que me mandan o que Chiri me recomienda porque le mandan a él y después tratamos de publicar lo que más nos gusta.

¿Qué opinás de la literatura que circula por redes sociales como Instagram, fundamentalmente enfocada hacia la autoayuda y por qué creés que mucha gente la consume?

No creo que la existencia de la literatura motivacional o inspiracional o de autoayuda o “cursi”, como quieras llamarla, sea culpa de Instagram. Me parece que existe desde hace mucho más tiempo que Instagram. Pienso que son ejercicios literarios para un determinado lector. Hay muchísima gente que prefiere ciertas respuestas más o menos masticadas y no que los textos les generen preguntas. Pero a mí no me parece mal esto, en absoluto. Me parece que las personas que recién empiezan a leer o no tienen un recorrido muy largo ni muy complejo en la lectura, tienen que empezar a leer cosas un poco más masticadas. Es muy complicado que empiecen a leer a (Friedrich) Nietzche, es más probable que empiecen a leer a Paulo Coelho porque tiene una forma de narrar bastante más simple. Y digo esto sabiendo que mi literatura es simple. Mi literatura no es compleja, no creo que divierta mucho a las personas que leen muchísimo; y sí sé que divierten mucho a las personas que leen muy poco. Entonces, sin que lo mío sea autoayuda, yo me siento bastante cerca de la literatura simple, que no tiene una elaboración demasiado compleja.

Has dicho que, si favorece la comunicación, no estás en contra de la utilización del lenguaje inclusivo ¿Tuviste la inquietud de usarlo alguna vez?

No lo utilizo del mismo modo que viviendo 15 años en España no utilizaba la forma verbal “Os digo” o “sabéis” porque me daba la impresión de que todo el mundo sabía que yo era argentino. Y me parece que cuando hablo con un chico de 15 años que sí utiliza el lenguaje inclusivo, ese chico sabe que yo tengo 48 y me parece motivo suficiente para entender que cuando digo “todos”, estoy usando el genérico que se usaba en mi época. Sí creo que dentro de grupos que son exclusivamente consumidores o generadores de lenguaje inclusivo, hay que hacer cierta prerrogativas, de que hay que hacer algunas concesiones. Cuando estás hablando con gallegos muy gallegos y les decís “dejame acá, a mitad de cuadra”, no te entienden directamente. Cuando del otro lado de verdad no te entienden, me parece que hay que hacer una concesión: hay que decir “Bueno, pues. Déjame aquí, a mitad de calle”. No es el momento todavía, pero supongo que en un futuro va a ocurrir de esta manera, vamos a tener que hacerlo.

 

Ilustración: Sergio Calermo

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