Nazareno Molina se desnuda frente a su público. El dramaturgo confiesa que la historia que escribe, dirige y actúa en el teatro Buenos Aires se basa en su propia experiencia con la enfermedad de Alzheimer. Su padre fue la inspiración para crear una obra alrededor de la realidad de muchas personas y el efecto en quienes las rodean.
Modesta, quien padece Alzheimer, desvaría mientras que parte de su familia llega a la cena de navidad. Hay algo de lucidez en los comentarios que hace: la inocencia de decir sin registro ni filtro lo que se acuerda altera la reunión en sincericidios e historias ocultas.
Pero Molina no se queda allí. En este, nuestro tiempo, las preguntas en el arte son por lo históricamente incuestionable: las instituciones. Aguantar pese a la incomodidad suena tan añejo como inútil. Y en esta deconstrucción, Una espina en el zapato nos plantea una duda sensible sobre nuestros propios vínculos.
La familia, esa construcción cultural de unión infinita y sagrada se desarma y se pone en evidencia en todas sus partes. ¿Debemos aguantar a la familia a pesar de todo o es un grupo humano al que también debemos exigirle responsabilidad afectiva?
Los hermanos de Modesta se muestran muy preocupados por su bienestar pero uno a uno irá exponiéndose a sí mismo respecto al amor fraternal, con antecedentes muy parecidos a los que pueden suceder en cualquier hogar. Sentarse a ver esta pieza es abrirse a la posibilidad de una interpelación profunda sobre nuestras propias relaciones «de sangre».
Mención especial para las actuaciones de Nazareno Molina en la piel de Nicolasa, la mujer que trabaja en la casa y Silvia Dell’ Aquila con el papel de Modesta. La obra cuenta con el apoyo de ALMA (Asociación Lucha contra el Mal de Alzheimer y Alteraciones semejantes de la República Argentina) Se presenta los sábados a las 19:00 y los domingos a las 17:00 en el teatro Buenos Aires. Las entradas se consiguen a través de Alternativa Teatral.
Fotos: Nancy Valar y Daniel Valdez

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