Googleo doméstico y lo primero que aparece es una serie de imágenes de mujeres limpiando, guantes y demás productos. Algunos hombres, muy pocos. ¿Por qué limitamos esa palabra tan hermosa?

Doméstico: de la casa o el hogar, relativo a ellos. Que se cría y vive en compañía de las personas. En ciclismo, corredor que tiene como misión ayudar a otro.
Lo doméstico, en mi imaginario, es hacer nido y hermanarse, confiar en el calor que nos habita, embellecer los ambientes y preservarnos del exterior.
Me estuve preguntando sobre la asociación de las mujeres a “lo doméstico”. Y siguiendo la línea anterior, me sigo preguntando: ¿será que tememos lo que hay afuera?, ¿será que nos enseñaron que no somos libres?
No podemos permitir tal divergencia: yo mujer amo mi casa, mis espacios, mi intimidad, y eso no me hace menos libre. Yo mujer ejerzo mi derecho de elegir: amo mi carácter doméstico y mi costado aventurero por igual, amo sentirme contenida tanto en mi espacio interior como en los espacios exteriores. Peleo todos los días para poder confiar en un mundo en el que la mujer peligra todo el tiempo, así como peleé para construir mi hogar, que no es simplemente el departamento en el que vivo hoy sino la gestión emocional de saber tenerme.
Supongo que lo doméstico es hacer de lo que tenemos nuestro imperio, ver que nuestros recursos son valiosos y armar desde ahí algo más grande que lo que nos dijeron. Supongo también que implica aprender a armar campamento cuando estamos cansades, y seguir cuando tenemos sed de más.
Sueño con un mundo en que lo doméstico no sea simplemente limpiar, cocinar y lavar la ropa, sino habitarnos desde un lugar auténtico, amar nuestro cuerpo y nuestro combustible: los vínculos, la auto-valoración y la aventura que descubre.

 

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