La apostasía de las Madres: entrevista a Nora Cortiñas

“Dame la mano, por favor”, dice Nora Morales de Cortiñas. Con sus 88 años tiene tanta fortaleza para ir a tres actos por día como para aceptar sus propias necesidades y pedir ayuda. La integrante de Madres de Plaza de Mayo, línea fundadora recibió a Revista Roer un jueves de verano de esos en los que el sol pega tan despiadado que descompone. “Ayer fui a tres actos y creo que me insolé”, cuenta. “Me había puesto el límite de un acto por día pero no lo cumplí”.

Toda ella es activismo. Tiene el pañuelo verde por el aborto legal atado a la muñeca y se lo ajusta con ayuda de sus dientes cada vez que se afloja. Una entrega que se le sale del cuerpo. O como ella dice: “la lucha visceral”. Nora continúa dando clases en la cátedra “Poder económico y derechos humanos” en la Facultad de Ciencias Económicas. Hay un equipo de fútbol femenino con su nombre y asiste a la plaza religiosamente todos los jueves a las 15:30. La psicóloga y madre de Carlos Gustavo Cortiñas, detenido y desaparecido el 15 de abril de 1977, respondió sobre su pasado, su presente, su fe, el feminismo y más.

Después de tantos años de búsqueda, aún los jueces cuestionan la presentación de hábeas corpus ¿Por qué cree que existe un cuestionamiento en cuanto a su historia, el número de desaparecidos, la razón de la búsqueda?

Yo seguí presentando hábeas corpus aún en la democracia porque la búsqueda sigue, porque no tenemos respuesta. Hasta el día de hoy hay un ocultamiento o un silencio de la verdad. Hay juicios pero yo todavía no sé qué pasó con Gustavo. Los juicios van aclarando muchos casos pero nosotras queremos que se aclaren los 30.000. Nosotras no discutimos la cantidad porque un solo desaparecido ya es un crimen de lesa humanidad. Como Santiago Maldonado, como Jorge Julio López. Se sigue investigando, se sigue preguntando. En realidad lo que pedimos es que se abran los archivos y no tener que buscar caso por caso.

Ir a la plaza es un gesto visceral. Además es una decisión política porque hemos enfrentando a una dictadura salvaje. Hemos ido a la plaza y nos han echado apuntándonos con armas pero siempre volvimos. Fue una demostración de que las mujeres habíamos decidido ir a plaza y con todos los inconvenientes que tuvimos, seguimos yendo. La última sugerencia de que dejemos de ir a la plaza la hizo Cristina (Fernández). Dijo que basta de las marchas de la resistencia, que ya habían dado todo lo que se podía en cuanto a justicia y verdad y no es así. La verdad no la tenemos y a la justicia la empujamos día a día nosotras con nuestra lucha. Acompañadas del pueblo, sí, no solas. Pero es un gesto muy visceral. Sólo las madres por años pudimos demostrar que era una decisión inclaudicable: que no íbamos a dejar de buscar a nuestros hijos tuviéramos la presión que tuviéramos

¿Cree que los militares siguen teniendo injerencia en las decisiones gubernamentales?

No, después de mucha lucha hemos logrado que se los enjuicie y que haya condenas. De todas maneras, después los vemos con “prisión domiciliaria”, saliendo y haciendo exposición del poder que todavía tienen. No tienen poder pero sí impunidad. Este gobierno quisiera que se cierren los juicios pero estamos nosotras para mantener la justicia caminando.

¿Cómo comenzó a involucrarse en otras luchas como el feminismo?

Las madres cuando salimos a buscar a nuestros hijos recogimos sus banderas de lucha por justicia social para todos y todas. En cuanto al feminismo, en mi casa había un ambiente patriarcal. Me casé muy joven y viví pensando que tenía deberes de buena ama de casa, de cumplir con todo ese rito que indica el patriarcado. Hasta que se llevaron a Gustavo.

Yo salí a la calle y empecé a ver muchos movimientos de mujeres. Al darme cuenta de que yo tenía derechos, y a ejercerlos, fue cambiando todo también en mi hogar y fue configurándose en lo mixto. Ahí sí me di cuenta de lo que estaba haciendo que era el camino de decidirme a mirar con otros ojos mi postura en la vida. El feminismo no se adquiere de un día para el otro cuando una vivió en base a una sociedad machista.

Ahora estamos juntas luchando contra este gobierno que es dictatorial y machista. Ahora las mujeres ya tomamos una postura más definida, dejamos de ser invisibles. Cuando las Madres nos íbamos conformando e íbamos a la plaza los jueves también éramos invisibles hasta que fueron pasando los años. Lo bueno de ahora es que salen a la calle miles y miles de mujeres. Ya se fijó bien la posición: acá estamos las mujeres y vamos a defender todo lo que tenemos que defender. Yo soy feminista pero me parece que al hombre hay que enseñarle, de paso, también a conducirse para que nuestro feminismo le demuestre que no queremos pasarlos por encima sino caminar juntos para cambiar esta sociedad y este mundo tan desigual, tan discriminador.

¿Cuál cree que es el camino para no continuar la tendencia latinoamericana de elección de gobiernos de derecha, nacionalistas y con un fuerte discurso en contradicción con la lucha por los derechos humanos?

Creo que la participación de la mujer en la política es muy importante. A la mujer siempre le costó participar en ese ámbito, siempre le han puesto inconvenientes. Pero creo que ahora pegó un salto muy grande y va a ayudar a tener otra visión con memoria y con luchas populares de muchas organizaciones de mujeres de la Argentina y del mundo. Hay un avance lento: recién ahora el cupo se unificó. Hasta ahora era el 30% y no se cumplía nunca. Los partidos políticos son muy remolones. No hay muchas mujeres en los partidos porque no se les abre la posibilidad. A la mujer le cuesta porque tiene la doble tarea de ser madre y jefa de hogar todavía. Todo es con esfuerzo y decisión. Pero bueno, se avanza.

Sin embargo existen otros ejemplos de mujeres en lugares de poder como María Eugenia Vidal,  Gabriela Michetti e incluso Cristine Largade en el Fondo Monetario Internacional.

A ellas no les sirve de nada ser mujeres. No tienen la sensibilidad que hay que tener para ayudar al pueblo a salir de situaciones tan graves como vivimos: la pobreza, el hambre, la desigualdad.  En esa línea tuvimos a Isabel Martinez de Perón. Cristina quizás fue un poco más feminista pero todavía hay aspectos en los que no se diferencia si te gobierna una mujer o si te gobierna un hombre. Si son malos gobernantes, son malos gobernantes.

¿Cómo se relaciona con su fe luego de saber con los años, que la iglesia estuvo involucrada en los crímenes de la dictadura?

Yo voy a hacer la apostasía. Ya no me convence la iglesia. A una parte la quiero y la respeto pero la cúpula sigue siendo lo mismo. La iglesia fue participe del terrorismo de estado. No toda la iglesia católica, sino la mayoría de la cúpula. Entraba a los campos de concentración, veía a la gente torturada, no denunciaba, nunca se preocupó por parar la mano del horror que vivíamos. Tanto es así que ni al que es hoy el papa (Francisco I) lo escuchamos decir basta de matar, basta de torturar, basta de robar bebés. Ahora tampoco abren los archivos ni se lo piden al gobierno. Los archivos del Vaticano están cerrados.

¿Qué lugar ocupa el desaparecido hoy en su vida? ¿Cómo se transita el duelo?

Nuestro duelo se transformó en lucha. En lugar de quedarnos en nuestras casas rezando y poniendo un altarcito, decidimos salir a la calle. Nunca cierra la herida de la desaparición de un hijo o una hija. Es el crimen de crímenes. Nuestros hijos no se murieron en un accidente de auto o de una enfermedad. La desaparición es un delito de lesa humanidad que sigue permanente: todos los días el desaparecido está desaparecido. No se hace un duelo, no se cierra una puerta: sigue. Mañana está desaparecido, pasado está desaparecido. El dolor es permanente. Tal vez piensen que nos vamos a olvidar. No, no nos vamos a olvidar. Cada día es un día más, un día nuevo. No hay duelo posible, este es un delito gravísimo y una metodología infame. No nos duele menos con los años: se apacigua el dolor con lucha.

 

Fotos: Candela Romano