(De)construcciónLos gritos encontrados: la interpelación dentro del feminismo

Los debates dentro del feminismo resonaron fuerte en la marcha del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo.  El primer reclamo sigue intacto: #NiUnaMenos. Pero además de los miles de lugares en donde se lucha por la igualdad de derechos, se encontraron nuevas maneras de interpretar las necesidades.

El feminismo se caracteriza por no tener una estructura verticalista como otros movimientos en donde un líder dirige el conjunto y comunica sus reclamos. Como suceso social y político, apuesta a que cada mujer pueda ganar el terreno históricamente negado con el apoyo de miles de compañeras: un cambio de paradigma revolucionario y mundial.

Este año hubo más consenso sobre por qué los hombres cis heterosexuales no debían ir a la concentración. Esto se debe a que anteriormente, muchas chicas se habían encontrado con sus agresores/violadores/acosadores en las marchas. Sin embargo, el feminismo radical (o RadFem), con dudosa adhesión, propuso además no dejar que aquellas que no hayan nacido biológicamente mujeres tampoco debían asistir. Esto fue rechazado por otras integrantes con carteles que afirmaban que la comunidad LGBTI sufre la misma opresión, por lo tanto son “bienvenidxs en la lucha”

Por otro lado, la discusión sobre si la prostitución debe ser regulada o abolida. Mientras que las prostitutas feministas y quienes las apoyan afirman que lo mejor es que les permitan trabajar con condiciones laborales dignas, el sector abolicionista afirma que es una actividad basada en la consumición de los cuerpos femeninos como producto funcional al capitalismo y al patriarcado. Carteles de uno y otro lado se hacían notar entre los miles de pañuelos verdes.

El glitter, una banalización para algunas, resultó junto con el pañuelo verde el elemento identitario de una mayoría que hizo el ruido necesario para que las calles se llenen del grito de las mujeres que ya no tienen voz. El baile constituyó el festejo de estar juntas, la confianza de sentirse en un lugar seguro, expresando, gritando, sonriendo y libres.

Lejos de significar una división, las opiniones encontradas vienen a significar una profundización del debate dentro del colectivo. El foco está en garantizar la libertad de la interpelación mutua y constante para no crear un solo relato del feminismo, para que crezca desde el punto de vista analítico sin dejar de tener en cuenta las posturas que muchas veces no son tan antagónicas.

La marcha se desarrolló con total tranquilidad, con los reclamos que caracterizan un marco de crisis económica. La unidad se vio en la calle desierta de pañuelos azules, con caras nuevas, con una actitud corporal mucho más firme, con necesidades nuevas y con las de siempre. A pesar del aparato mediático, del machismo, de las campañas de desinformación y el manoseo político, el feminismo sigue siendo uno: un sinfín de feminismos hermanados.