cine y teatroSin selfie no lo quiero

Como hace 30 años, la entrega de los Oscars se quedó sin conductor: el comodín que usa la Academia para salvar sus ceremonias.

Amamos la temporada de premios, pero ¿por qué los Oscars son los más populares y esperados del año? La magia de Hollywood puesta en escena, el espectáculo, la presentación, los chistes a los que el doblaje latino no hace justicia. Pocos, solo los más cinéfilos, recordarán cuál fue la película ganadora en 2014 (“12 años de esclavitud”), pero todos recordamos el momento épico en que Ellen DeGeneres sacó su celular y posó junto a los reconocidos actores de las primeras filas para retratar “la selfie del año”.

A pocos días de la 91° entrega de premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos, la ceremonia no tiene presentador – aunque nunca se confirmó oficialmente – y todos esperan un desastre como el de 1989, cuando el número musical de apertura del actor Rob Lowe y la cantante Eileen Bowman obligó a 17 reconocidas figuras del espectáculo a firmar una carta abierta por la indignación que sintieron ante esa horrible performance. Este año, sin un conductor sobre el escenario, el público teme que algo así se repita.

En diciembre del año pasado, se informó que la conducción sería de Kevin Hart y todos imaginaron un Teatro Dolby con chistes un poco más picantes de lo que fueron en la última entrega de Jimmy Kimmel (no tan acertada como la del año anterior). Pero eso duró poco y aparecieron los tweets que había hecho Hart en 2011 con tono homofóbico. El mismo artista tuvo que rechazar la propuesta días después.

La preocupación de todos los que integran la industria del entretenimiento de EEUU comenzó con la conducción de Kimmel del año pasado. Registró la medición de audiencia más baja de toda la historia y eso obligó a la Academia a cambiar algunas fichas. Y como siempre, creyeron que la solución sería una “lavada de cara”. Elegir un nuevo anfitrión es un recurso muy utilizado en los Oscars pero, a veces, el remedio es peor que la enfermedad.

En 2011, debido a las malas críticas y un rating que venía decayendo, el objetivo de los productores fue conquistar al público joven que se veía cada vez más desinteresado. Las caras bonitas del momento, Anne Hathaway y James Franco, intentaron refrescar el escenario saliendo del estereotipo de anfitrión al que estábamos acostumbrados. Todo fue un fracaso y se la recuerda hoy como la peor conducción de los Oscars de los últimos años.

También hubo otras desafortunadas conducciones en estos últimos años, como la de Seth MacFarlane con su humor agresivo y sexista o la de Jon Stewart con algunos chistes políticos que no causaron. Ambas fueron salvadas al año siguiente por la querida Ellen DeGeneres: una anfitriona correcta, divertida y que sabe cómo tratar a los famosos mejor que nadie. Las sonrisas en la selfie que sacó en su segunda ceremonia lo demostraron.

Sin embargo, no todo fueron errores en esos desesperados intentos de devolverle a Hollywood su magia. Hugh Jackman condujo una de las mejores entregas en 2008. Funcionó el número de apertura, funcionó el dueto que hizo con Beyoncé y funcionó su presencia en el escenario. Está entre los favoritos junto con los artistas Steve Martin, Chris Rock, Whoopi Goldberg y el mítico Billy Crystal con nueve presentaciones en su haber.

Las críticas a los maestros de ceremonia van y vienen. En muchas oportunidades, incluso dejan de lado el propósito que tiene la entrega de premios en sí. Por eso, el próximo domingo a la noche, todos estarán más atentos a cómo se llevará a cabo la presentación y buscarán las similitudes con el fracaso de 1989. Con un show de Queen en vivo, el panorama se ve más alentador. Pero será cuestión de sentarse y analizarlo una vez que termine, olvidando por completo las películas ganadoras que, una vez más, no nos despiertan mucho interés.