EntrevistaEn el medio, el mensaje

La crisis en la producción de información llegó de la mano de las nuevas tecnologías. La influencia de los contenidos que una persona consume desde su infancia supera hoy la que cualquier entorno íntimo pueda inculcar. En esta auto y multiinfluencia, las noticias falsas, los robots que se hacen pasar por personas y las campañas de mentiras son un problema que parece ir más rápido que lo que nuestro ojo puede detectar. Es menester prestar atención a la circulación de todo aquello que desconocemos y nos pasa por delante: la evolución tecnológica va más rápido que nosotros.

En su libro “El medio es el masaje”, publicado en 1966, Marshall McLuhan describió la manera en la que nos comportamos a la hora de incorporar un nuevo medio: “Cuando tenemos que hacer frente a una situación completamente nueva, siempre tendemos a encariñarnos con los objetos, con el sabor del pasado más reciente. Miramos el presente en un espejo retrovisor. Avanzamos hacia el futuro yendo hacia atrás. (…) Imponemos las formas de lo viejo al contenido de lo nuevo”. Ese parece ser el problema. Nos abruman las posibilidades e intentamos adaptar lo conocido a las plataformas que cuentan con la popularidad que necesita el periodismo: personas que consuman información. La manera de comunicar está cambiando y los intereses, creadores de posverdad, se chocan, se mezclan, se confunden y finalmente se difunden.

Con respecto a este tema, Martín Becerra, doctor en Ciencias de la Información de la Universidad Autónoma de Barcelona, investigador principal del Conicet y profesor de las universidades de Buenos Aires y Quilmes, convive con la realidad de ser analista y parte de los medios que avanzan y mutan una y otra vez. El especialista, en diálogo con Revista Roer, expresó su perspectiva no sólo del funcionamiento de la cadena de producción comunicativa, sino también de la misma al servicio de la política.

Lejos de rendirse ante la perplejidad del presente, propone, en principio, regulaciones estatales que tengan una postura cuidadosa en pos de preservar la libertad de expresión pero que atiendan la posibilidad de que los mensajes enviados estén siendo deformados por algún interés en particular: “En relación a las fake news yo sería muy cuidadoso a la hora de pensar en una traducción legal. Me parece que es algo sobre lo que conviene hablar porque es útil socialmente advertir que efectivamente hay mucha circulación de propaganda basada en falsedades y que el entorno de tecnologías que utilizamos ahora facilita la viralización de esas falsedades. Pero creo que podría ser peligroso, sobre todo para aquellas personas y grupos sociales más débiles, con menor capacidad de incidencia”

Con respecto a este peligro, Becerra le pone especial atención al problema de que no haya un consenso sobre qué significa “noticia falsa” y “desinformación”. Ante esta incertidumbre, la incidencia de las personas en ese circuito es algo elemental. Sin embargo, las posibilidades penales para quienes difundan información falsa no termina siendo, en su opinión, una buena idea. “Las reponsabilidades penales en materia de información y opinión, en general se aplican contra los más débiles. O sea, más allá de la coyuntura en la que sean sancionadas, finalmente, son los pibes de La Garganta Poderosa los que van a pagar el pato. Entonces, estoy en contra por principio pero también estoy en contra porque en muchos países son utilizadas las leyes penales como lo fueron en la historia argentina hace muchos años, diría que en perjuicio de los sectores más vulnerables”

“Yo estoy muy de acuerdo con los principios del Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Estos principios plantean que las responsabilidades de los periodistas son ulteriores, no son previas. Distinta es la responsabilidad que les cabe a las redes sociales de uso masivo que le dan visibilidad a campañas de desinformación manifiesta. Creo que ahí sí cabe hacer cosas. Estamos en una etapa muy inicial del debate como para saber qué se puede hacer. Yo tengo intuiciones pero no son convicciones. Por ejemplo: un farmacéutico no te vende una droga oncológica sin receta, ese intermediario asume funciones que el estado le está delegando. Hay un protocolo, no hay un funcionario del estado nacional en cada farmacia: es el privado el que aplica. Ese ejemplo debería servirnos para pensar. Ese tipo de delegación en privados, que el estado realiza en muchos órdenes, habría que pensarlos para las plataformas”

Con el interés puesto en la defensa del derecho a la información de los ciudadanos, Becerra se muestra crítico de la desatención del gobierno actual en la legislación sobre comunicación. Aún mencionando errores importantes del gobierno anterior, expresa que no es lo mismo enunciar los derechos e incumplirlos o cumplirlos a medias que “hacer tierra arrasada con los derechos”. De cualquier manera, advierte sobre un fuerte déficit en esa materia.

Cambiemos supo utilizar la tecnología para llevar a cabo las campañas que ganó. La estrategia comunicativa del partido, asesorada por Durán Barba, da la sensación de ser infalible. Según la interpretación del especialista, mucho de esto tiene que ver con la coincidencia temporal entre una nueva (aunque usada) manera de gobernar y la innovación de las redes sociales. El sector opositor se enfrenta al aparato gubernamental altamente entrenado en el movimiento en los nuevos medios. Por su parte, el kirchnerismo por ejemplo, tiene experiencia en canalizar sus candidaturas a través de los medios tradicionales. Un desafío que deberán sortear quienes aspiren a ocupar cargos ejecutivos: no imponer las formas de lo viejo al contenido de lo nuevo.

Aún sin evidencia fehaciente sobre la existencia de trolls al servicio del gobierno nacional, la oposición al gobierno de Mauricio Macri como así también algunos periodistas, afirman que hay un ejército de cuentas en redes sociales que atacan con mucha violencia a quienes emitan una opinión contraria al relato oficial.

A propósito de esto comenta: “hay sospechas sobre quiénes manejan estos supuestos centros de trolls. Por ejemplo la diputada Camaño del Massismo difundió un informe público en donde afirma que hay y que trabajan para el gobierno. Yo que he estudiado el tema para Amnistía Internacional Argentina, no puedo decir que a mí me conste esto, no tengo ninguna evidencia. Lo que sí sé y puedo afirmar es que, cuando hay críticas al gobierno, suelen haber campañas que en algunos casos son organizadas: se tuitea con cuentas artificiales (los bots), con el mismo contenido en poco tiempo. Hay autoridades, en algunos casos diputados o funcionarios del gobierno, que promueven y exponen a gente a las que después les saltan las termitas a comerles el hígado”

Por todas las nuevas maneras de ejercer la falsedad a través de internet, Martín Becerra pone especial énfasis en preparar a las nuevas generaciones para que no sean presa fácil de un sistema de medios que, en la transición, parece no encontrar la manera de primar la verdad. “Yo creo que es fundamental que toda persona que nace y crece en este ecosistema tenga herramientas básicas para distinguir estas cosas, que se le muestren ejemplos didácticamente, campañas de desinformación o de fake news. También cómo cuidar tus datos y hay toda una serie de temas complementarios a estos que para mí también son importantes. Es importante que se empiece a trabajar en el sistema educativo. Por ejemplo en las campañas de escrache. Al movimiento feminista lo interpela mucho esto: cuándo, cómo corresponde denunciar algo públicamente y poner el nombre de una persona, qué pasa con eso, son todas cosas que son relativamente nuevas, que no hay un manual para eso, que como sociedad estamos aprendiendo y que es bueno que no quede librado a la subjetividad de alguien que a las 11 de la noche está solo y toma una decisión que después puede ser equivocada para él, que puede dañar a terceros”

En el medio, el mensaje. La televisión, la prensa gráfica, la radio e internet configuran la retroalimentación de noticias. Como usuarios, nuestra participación en esta cadena no es pasiva. Por lo tanto, superar el vértigo de la velocidad de cambio es el primer paso para no ser la masa receptora del bombardeo informativo. Como dice Mc Luhan: “No existe la inevitabilidad mientras haya disposición para contemplar lo que está sucediendo”